El juego sin complejos del Valladolid hizo más que el uno a uno leonés
Las modificaciones en los planteamientos de Ademar dejaron muy corta la reacción

Juan Carlos Pastor recibe una indicación arbitral
Tratar de ganar un choque de estas características sin lanzadores supone un punto de riesgo evidente que Ademar pagó claramente. Con Kjelling fuera de partido por lesión y Metlicic tocado a los pocos minutos de comenzar el choque (dejó su aportación en realidad en 1/3), León tuvo que recurrir al experimento de poner a lanzar a Óscar Perales a pesar de llegar a este partido una etapa de inanición más que notable. El partido se jugó más en defensa que en ataque, de salida. Sólo por eso, Ademar aguantó mejor mientras le funcionó el 6-0, esta vez comandado por Metlicic y Vatne. A la hora de la verdad, todos los planteamientos se hicieron añicos a los efectos de las exclusiones, porque contra la norma de la casa, Pucela estuvo inteligente en el manejo del tiempo tuvo superioridad en la cancha, si bien para el momento en el que el partido estaba roto, el apartado disciplinario llevaba repartidas las exclusiones en proporción 2-2, mediada la segunda parte. Cambiar la defensa a 5-1 mediada la segunda parte tampoco arregló mucho más las cosas. Valladolid encontró recursos para sortear el trabajo de Perales en el avanzado y aunque no es precisamente el ejemplo a seguir sujetando marcadores, Pucela -estaba claro- no iba a soltar el triunfo remando con viento a favor. Ni siquiera cuando en las acciones finales de partido, la suerte del envite estuvo en el aire. Pequeños detalles puntuales quedan en el aire para acudir a la queja, cuando en realidad, el problema es de grupo, por una parte, y de recursos en otros casos, porque a decir verdad, la suerte del partido la marcó el Valladolid.