Diario de León
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En el Club de prensa de Diario de León no cabía un alma para presenciar las partidas simultáneas que contra doce adversarios jugó en la tarde ayer el niño prodigio Teimur Radjabov, una suerte de tricotosa del ajedrez que sumó puntos de forma fantástica contra los jóvenes que se sentaron durante unas horas ante él para intentar derrotarle. Apenas echaba una mirada al tablero y rápidamente ya estaba enfrente del siguiente mirándo más a los ojos de su adversario que a la posición que tenía enfrente. Intuitivo, seguro, veloz, a veces un tanto distante, pero sin atisbos de arrogancia que le podrían otorgar sus quince juveniles años. «El rodillo» fue aplicando la ley del más fuerte en esta suerte de juego mitad improvisación y mitad espectáculo para la galería. El público que apenas permitía observar las partidas le miraba como el que mira a un santón y luego se santigua. Hasta hubo una señora que había llegado con su nieto para seguir los juegos que preguntó a quien esto escribe. «Oiga señor ¿cuántas fichas tiene que comer cada vez que juega?», ante mi mirada de asombro me espetó: «Claro, usted de esto ni papa, esto es para inteligentes y usted no tiene pinta de serlo». «Tiene razón señora», le dije. «Hay que ser muy listo para entender como se puede estar tantas horas sentado sin decirse nada y luego encima darse la mano». ¡De locos!

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