La obsesión por la seguridad deja la actividad de España a un lado
Aparecen los primeros apuntes en torno al debate sobre la elección entre Valerón y Joaquín
La selección española abrió por primera vez las puertas a su cuartel general, un antiguo monasterio reonvertido en un hotel, de nombre Da Falperra, enclavado en una zona tranquila, casi espiritual y rodeado de grandes medidas de seguridad, en vísperas de una Eurocopa que mira con lupa y registra con esmero todas las bolsas que porta la prensa en el desempeño de trabajo. El hotel Da Falperra es un búnker. El perímetro que rodea la residencia de España en este torneo se encuentra custodiado por miembros de la Guardia Nacional Republicana de Portugal, que registran con celo a todo aquel que desea entrar a ver al equipo de Iñaki Sáez. «Hasta el momento no se ha producido ningún incidente. Estamos muy tranquilos, dentro del hotel contamos con diez efectivos más, pero es que llegar al filtro del hotel es ya complicado. Por eso, difícil es ver en el exterior a alguien que no sea de la expedición oficial», dijo Lorenzo Rodríguez, responsable de la seguridad de la selección española. Cuenta Lorenzo Rodríguez que la seguridad es la obsesión de esta organización. «Nos dan todas las facilidades en este sentido y si en un momento determinado detectamos aumento de público, nos mandan treinta policías más de inmediato sin ningún problema», comentó el responsable policial. En el aspecto deportivo, España intenta evadirse de los debates paralelos de la prensa. De esos debates, Juan Carlos Valerón siempre está en el ojo del huracán. Generalmente para ofrecerle una titularidad que él elude con paciencia franciscana. Valerón es un ejemplo de profesional inteligente. Sáez lo sabe y aprecia su gesto. Compromisos, no Ayer dijo Valerón que él nunca va poner al seleccionador en un compromiso. «Si queremos ganar, debemos estar unidos», esa es la máxima de Valerón, que ve contraproducente todos los ataques a su técnico. «Si cada jugador de la selección estuviera todo el día reclamando ser titular nunca ganaríamos nada. España es un equipo y hay que ser respetuosos. Por eso de mi boca nunca saldrá nada que vaya en contra de los intereses del equipo nacional». Con estas palabras que Valerón subrayó a Efe, el centrocampista del Deportivo de la Coruña emplazó al personal a que dejen de preguntarle y de buscar una frase que enturbie el ambiente, porque a él está claro no le van a encontrar. Juan Carlos Valerón le debe mucho a Iñaki Sáez. Fue Iñaki quien le descubrió cuando era un crío en un campo de tierra de Las Palmas de Gran Canaria, en una época en la que Sáez trabajaba en la UD Las Palmas. «La primera vez que le vi, Valerón parecía la pantera rosa», cuenta Sáez, quien vio hace años a un chico delgado, enjuto, que daba pases de cuarenta metros con sencillez. Ese respeto que profesa Valerón hacia Sáez le impide además levantar la voz. Y es que Valerón no se enfada nunca. Carlos Marchena fue el otro nombre del día. El central del Valencia rechaza que se le considerase titular indiscutible: «Hay que estar muy pendiente, muy preparado y poner los cinco sentidos en los entrenamientos». Marchena fue hoy uno de los centros de atención para la prensa lusa, quien le recordó insistentemente su paso por el Benfica antes de recalar en el Valencia. El andaluz, quien dejó escapar alguna que otra frase en portugués y que reconoció que guarda «mucho cariño a la gente», opinó que la selección anfitriona es la favorita del grupo A «porque tiene muy buen equipo, jugadores de mucha calidad y está en su casa». «Sería muy bonito poder disputar ambos equipos la final, pero ahora mismo queda mucho y no hay que hablar de alto tan lejano», indicó. «Hay que decir que estamos en un grupo muy competitivo».