Diario de León
Publicado por
MIGUEL PARDEZA
León

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NO DEBE extrañarnos que la velocidad se esté convirtiendo en la gran protagonista de esta Eurocopa. Encarnada en nombres como Roony, Robben, Baros, Martin Petrov, Gronkjaer, Cristiano Ronaldo, Heinz, Vicente, el desborde y la intrepidez en la conducción acaparan nuestra atención como hacía siglos que no sucedía. Es lo bueno que tienen estos campeonatos: que sirven par delinear nuevas tendencias y estampar el nacimiento de jugadores que van para estrellas. Años atrás, en mis comienzos profesionales, un entrenador de cuyo nombre prefiero no acordarme me anunció mirándome a los ojos que los extremos habían muerto. Por alguna razón yo pensé en aquel filósofo que vaticinó idéntico destino refiriéndose a Dios. Pero Dios siguió existiendo, de la misma manera que los extremos nunca murieron sino que pasaron a una reserva de potencias durmientes, hasta encontrar el contexto y las almas que los resucitasen. Algo parecido viene ocurriendo con los organizadores natos, marginados por sistemas ramplones que premian los centrocampistas de contención. La inteligencia no tiene buena prensa. Hoy se llevan los tipos razonables que disputan el balón cuando les llega sin preocuparse de buscar el liderazgo que es lo que siempre ha distinguido a los buenos jugadores. Pero al inminente acaso de fenómenos como Zidane, Figo o Del Piero se le está poniendo cara de quinta y sexta velocidades. Dudo de si esto tendrá secuelas cuando regresemos a la cotidianidad de las ligas nacionales, pero de momento los síntomas no pueden ser más esperanzadores. Lo que está destacando es sobre todo, como decíamos, la fulguración de las bandas, algo que puede hacerse extensible a gente menos adelantada como Miguel o Nuno Valente de Portugal o Seitaridis, el buen lateral derecho de Grecia. Tampoco se trata de obviar el crecimiento de algún central de lujo como Carvalho, ahora pretendido con buen criterio por el Real Madrid. Ni de esconder la realidad de un goleador como Van Nistelrooy, acaso el delantero centro más agresivo no sólo de este torneo, sino del fútbol internacional. Pero de entre todos me quedo con Roony, movilidad, distracción y pegada. Es por lo único que me dio pena la eliminación de Inglaterra, por esa suerte de acorazado de pies ligero, capaz de romperte en dos antes de que te dé tiempo a pedirle clemencia.

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