Grecia consagra la primacía del fútbol táctico en la vieja Europa (0-1)
Un gol a la salida de un córner acaba con Portugal y corona la competitividad de los helenos Scolari: «La falta de atención en un córner nos ha llevado a la derrota»
No importa que fuera en otro escenario. Lo que hizo este domingo Grecia en el Estadio da Luz obliga a remontarse al Maracanazo , la histórica derrota de Brasil frente a la selección de Uruguay comandada por Obdulio Varela en la final del Mundial de 1950. Algo semejante lograron este domingo los griegos al vencer a Portugal, que se encontró de nuevo con su verdugo del partido inaugural y tampoco esta vez pudo superarle. A los portugueses les pudo la presión de tener la gloria al alcance de la mano y un rival rocoso como pocos. Se podrá discutir lo que se quiera sobre la belleza estética del fútbol heleno. Lo que nadie puede discutir son los méritos de la tropa de Otto Rehhagel, que hace lo que sabe a la perfección y en esta Eurocopa se ha llevado por delante todo lo que ha encontrado. Hablamos de un equipo que no ha encajado un gol a partir de los cuartos. 1-0 a Francia. 1-0 a la excelente República Checa. Y otro 1-0, con gol de Charisteas, a una Portugal que no pudo superar el fatalismo histórico que pesa sobre ella. Nunca había llegado tan lejos, con la gloria tan cerca. Pero murió en la orilla dejando desolados a 10 millones de portugueses. Sin sorpresas La apuesta de Rehhagel no pudo sorprender a nadie en el Estadio da Luz. Era claro que Kapsis se iba a encargar de Pauleta y que Dellas seguiría de libre, como un mariscal. Y también que Seitaridis y Fyssas se encargarían del hombre que cayese por su costado, ya fuese éste Figo o Cristiano Ronaldo, sin venderse a una persecución al hombre que no tenía sentido. Las dudas estaban en el centro del campo y se despejaron rápido. Zagorakis con Maniche, y Katsouranis con Deco. Una vez puesta la tela de araña, los griegos comenzaron a esperar. Ellos sí que tienen paciencia y un plan en el que creen con la fe de los conversos. Portugal, no hace falta decirlo, se sintió incómoda los 90 minutos. Sin espacios, sin pasillos entre líneas, los de Scolari sólo rompían con la arremetidas de Miguel, un futbolista sensacional. De hecho, la mejor ocasión de la selección lusa en toda la primera parte llegó en una jugada del lateral del Benfica en el minuto 13 que terminó en un tiro cruzado. Nikopolidis la sacó por poco. Los helenos tienen siempre a nueve o diez futbolistas por detrás del balón, pero ni se dedican a dar pelotazos sin sentido ni desperdician las ocasiones que se les presentan para irse al ataque. Es más, se aprecia en el conjunto de Otto Rehhagel un sexto sentido para no dejar que el rival se venga arriba, saque pecho y le de continuidad a su juego. En cuanto intuyen eso, los griegos sacan el jarro de agua fría y te dan el susto. Tras lo visto en la primera mitad, que no dio mucho de sí en lo que a juego se refiere, se hizo evidente que Portugal, aparte de paciencia, iba a necesitar también de algunas gotas de inspiración, ya fuera de Figo o de Deco, que no acaban de encontrar la tecla correcta para irse de sus vigilantes, o de Cristiano Ronaldo, un futbolista barroco hasta la exasperación pero insistente como él solo. No hay balón en el que no quiera dejar su rúbrica. Pues bien, si esta necesidad era patente con el marcador a cero en el minuto 57 se convirtió para los portugueses en una cuestión de vida o muerte después de que Charisteas, un magnífico delantero centro, adelantara a su equipo en un cabezazo a saque de esquina. Scolari actuó con rapidez. Portugal tiró con todo y Grecia se defendió entonces como sabe; es decir, mejor que nadie. Ronaldo, Carvalho y Figo tuvieron tres ocasiones, pero allí estaba Nikopolidis, que se va de sin un borrón. Como Grecia, habría que decir. Quizás la campeona más inesperada de la historia, pero una justa campeona a la que quizás ahora se le reconozcan sus méritos. Porque algunos tiene.