Diario de León

Ni el Dépor supo cómo ganar ni el Olimpiacos se arriesgó a perder (0-0)

Europa tampoco hace llegar el ingenio a las mentes poco preclaras de los hombres clave

Frisk se retira con la herida sangrante en la cabeza, que necesitó puntos

Frisk se retira con la herida sangrante en la cabeza, que necesitó puntos

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Lois Pombo - la coruña
León

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El Deportivo prolongó su mal inicio de temporada y no pudo pasar del empate a cero frente al Olympiacos. Ante el rival más débil del grupo, el equipo coruñés ofreció un recital de desaciertos y demostró una falta de claridad impropia de la calidad de algunos de sus jugadores. Comenzaron los herculinos con pocas luces, incapaces de romper la maraña defensiva de un equipo griego que no hacía ninguna concesión. El conjunto local intentaba tener el control del balón, algo inútil ante la inexistente profundidad y las constantes pérdidas de balón en posiciones de ataque. El paso de los minutos no mejoraba la claridad del Deportivo, que acostumbra a naufragar cuando Valerón no entra en juego. Ningún equipo es ya ajeno a eso y el entrenador visitante, Dusan Bagevic, encomendó a Kafes la tarea de parar al canario. Tampoco funcionaban los coruñeses por las bandas, en donde Munitis no desbordaba y Luque estaba desaparecido. Sin apenas continuidad en el juego por parte de ninguno de los equipos, las ocasiones quedaban para acciones aisladas y jugadas a balón parado. Así llegó la primera ocasión de los locales, en un remate de César, pero también una clarísima de Olympiacos, salvada por Molina tras un error propio. Poco más que decir de una primera parte para olvidar. Más a base de coraje que de buen juego, la segunda parte ofreció buenas noticias para el Deportivo, que al menos comenzó a llegar a la meta de Nikopolidis con cierto peligro. El balón seguía sin circular con claridad, pero a base de carreras y algún centro, el equipo daba ciertas esperanzas a una afición descontenta, pero siempre animosa. Eso si, el ímpetu apenas duró un cuarto de hora y los herculinos volvieron a caer en la desidia. Los minutos fueron pasando ante la impotencia coruñesa y el oficio de los griegos, que supieron dormir el partido lo suficiente como para llegar sin sustos a la conclusión. Le bastaron los cambios en el tramo final y unas cuantas faltas tácticas para apagar cualquier atisbo de peligro de un triste Deportivo.

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