FÚTBOL SALA BALONCESTO CICLISMO
Casi la mitad de los habitantes de Moral de Valcarce hacen deporte
En la pequeña localidad del Bierzo Oeste viven 36 personas y una decena juegan a fútbol sala
La comarca berciana no ha podido sustraerse a los problemas de emigración que pone en serio peligro la supervivencia de muchos pueblos condenados a una lenta agonía por la paulatina deserción de sus habitantes hacia las ciudades. En medio de ese panorama genérico contra el que tratan de luchar las autoridades para evitar como sea la inexorable despoblación del medio rural, resulta gratificante encontrar una localidad en El Bierzo, que no sólo se resiste a pasar a la historia, si no que además ofrece una extraordinaria vitalidad entre sus escasos habitantes. Se trata de Moral de Valcarce, perteneciente al municipio de Trabadelo, en el llamado Bierzo Oeste. No es fácil llegar allí, en parte porque la naturaleza se muestra sinuosa y en parte también porque los políticos no acometen el acondicionamiento de una pista forestal que dejaría a sus habitantes a ocho kilómetros de Villafranca, cuando ahora tienen que andar casi treinta para llegar al mismo lugar. Pese a todo, los habitantes de Moral hacen honor a la denominación del lugar y se empeñan en mantener intactas sus raices. En el pueblo viven 36 personas en la actualidad. Es como una gran familia y nunca mejor dicho, puesto que prácticamente todos están emparentados, de una u otra forma. Ya se sabe que las relaciones entre familias son a veces problemáticas, pero hasta en eso es un ejemplo de civismo esta localidad. Lo más curioso es que casi la mitad de los habitantes de Moral forman parte del equipo de fútbol sala que representa al pueblo en la Liga local de Villafranca, que está a punto de comenzar la temporada. Entre los que juegan y los que se ocupan del utillaje, masajista y labores directivas, la cifra de los componentes del grupo ronda las quince personas. Será difícil encontrar, no ya en la comarca del Bierzo, si no en toda la geografía nacional, un pueblo con semejante porcentaje de deportistas sobre el total de su población. Poco les importan las dificultades que tienen para poder entrenar o el desplazamiento complicado para jugar los partidos. Eso no ha sido obstáculo para que el equipo registrara excelentes resultados, llegando incluso a la final del Maratón benéfico que este año tuvo lugar en Camponaraya. Como son tan pocos en el pueblo, no resultó muy difícil reunirlos a casi todos. El domingo, después de que don Eloy (el cura llegado desde Villafranca) se despidiera de sus ferigreses hasta dentro de quince días, los habitantes de Moral posaron en la pequeña plaza del pueblo. Faltaban algunos porque la gente de Moral vive fundamentalmente del hermoso entorno que les rodea y que es tan generoso como sus propios habitantes. La recolección de castañas constituye uno de los principales activos de la zona. Ahora también van a recoger las «patacas» como ellos las denominan porque la gente de allí es gallegoparlante en su inmensa mayoría. No están solos. El padre del presidente de la Deportiva, recientemente fallecido, era natural de este pueblo (de hecho existe en su honor la Calle Silvano) y ahora el mandatario blanquiazul se ha comprometido a echarles una mano, al conocer el esfuerzo que están haciendo. Se lo merecen. Eso y más. Sólo piden que los políticos no se olviden de que Moral existe.