Diario de León

El Valencia se muestra impotente ante el vendaval de juego del Inter (1-5)

Mestalla se rinde a los recursos mostrados tanto por Adriano como por Vieri en ataque

Rufete intenta irse del interista Stankovic en un lance del encuentro celebrado en la noche de ayer

Rufete intenta irse del interista Stankovic en un lance del encuentro celebrado en la noche de ayer

Publicado por
Vicente Costavalencia
León

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Un magnífico Inter con un portentoso Adriano, sin duda el mejor delantero del mundo en este momento, dejó al Valencia tiritando en la Champions y aún con más dudas de las que empezó el partido. Ante un rival muy superior en todos los aspectos que definitivamente se ha convertido en su bestia negra, el Valencia no tuvo nada que hacer. El de Ranieri fue un equipo menor que a duras penas mantuvo el cerocerismo inicial hasta el descanso, pero que se vino abajo por dos distracciones imperdonables en el arranque de la segunda mitad. A partir de ahí fue un quiero y no puedo, incluso tras el espléndido gol de Aimar que acortó distancias. El Valencia mantiene la irregularidad que le caracteriza en este comienzo de curso, pero ya es preocupante su debilidad defensiva, donde esta vez se echaron en falta, y de qué manera, al lesionado Ayala y al lesionado Marchena. Curiosamente, este Valencia muere por el sitio que le llevó a coronarse campeón de Liga y Copa. Aunque los dos equipos siempre quisieron ganar, mirar la portería adversaria, era inevitable que la puesta en escena del duelo tuviera un aire italiano. Desterrado el catenaccio No por el viejo y tópico catenaccio, sistema desterrado por el elegante Roberto Mancini y tampoco del agrado de Ranieri, pero sí por la presión, el achique de espacios y el enorme derroche físico de los contendientes. Lo más prometedor del Valencia fue el arranque, cuando más a base de ímpetu que de fútbol consiguió encerrar por momentos a los lombardos y se acercó al gol. Su ocasión más clara, la que sin duda pudo haber cambiado el rumbo del partido, llegó al cuarto de hora. Un gran pase inventado por Aimar, un desvío oportuno de Di Vaio y un paradón de Fontana, quien por algo ha relegado a la suplencia al inmenso Toldo. A partir de ahí, sin embargo, los interistas crecieron y se aprovecharon de las carencias de este Valencia. Al contragolpe, comenzaron a dar una preocupante sensación de peligro. Lógico si se tiene en cuenta la calidad de jugadores como el turco Emre, Veron, Stankovic, Vieri, que ha recuperado el olfato goleador perdido durante medio año, y sobre todo Adriano. Destacada también la actuación como medio de contención del ex madridista Cambiasso. Si el Valencia se salvó antes del descanso fue porque el brasileño, fuerte, rápido, listo y con visión de juego, perdonó tras gran asistencia del serbio y luego fue el turco el que falló un gol cantado tras soberbio pase del ariete. Los «che» debieron haber tomado nota de esos serios avisos y salir mucho más concentrados en la reanudación, ya que en un par de minutos tiraron el partido por la borda. Primero dejaron cabecear a Stankovic y después disparar a Vieri sin oposición. En ambas jugadas estuvo desafortunado en el despeje Curro Torres. Sólo quedaba al Valencia apelar a la heroica y admirar a Adriano, quien realizó la jugada del partido aunque no terminó en gol. Se fue primero de Cañete, hizo luego un regate antológico ante Navarro y, ya sin ángulo, disparó al exterior de la red. Hasta Mestalla tuvo que ovacionar al brasileño. Espíritu de lucha No se rindieron los valencianos en una actitud elogiable y se metieron en el partido con un golazo de Aimar, tras precisa jugada de Di Vaio, quizá el mejor de su equipo junto al trabajo infatigable de Rufete. Arriesgó Ranieri con 1-2, introdujo al ariete Corrado en lugar del central Cañería, lesionado en una mano, pero el Inter le mató al contragolpe. El holandés Van der Meyden no perdonó en el primer balón que tocó, tras entrar por Vieri, y Adriano cerró su noche mágica a bocajarro. El postrero gol de Julio Cruz, equivalió a la puntilla. Malos tiempos para el Valencia, en un partido en el que los interistas fueron muy superiores.

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