El difícil equilibrio pasión-exceso
En el Camp Nou se pudieron percibir gritos y gestos que en otros ámbitos no son tolerados
El Camp Nou, sin quererlo, se convirtió anoche en un banco de pruebas donde calibrar si en la Liga española se comenten excesos racistas, un viejo asunto que ha cobrado vigor a partir del enfrentamiento entre España e Inglaterra. El resultado final del examen al Camp Nou está lejos del aprobado, dado que el lenguaje del fútbol ha dado carta de naturaleza a gestos que en muchos otros ámbitos no son tolerados por la sociedad. Así, mientras que en Inglaterra se han llevado las manos a la cabeza por gritos contra jugadores negros, el Camp Nou reprodujo ruidos que se habían escuchado días antes en el Bernabéu y Alcalá, pero que también se han reproducido en Montjuic, Mestalla y otros tantos campos españoles. La fina línea que separa la pasión y los excesos verbales quedan difuminados en el fútbol, y prueba de ello volvió a verse y oÍrse en el Camp Nou. Roberto Carlos oyó como muchos otros partidos en el mismo escenario cómo le acompañaba el sonido estridente del público mofándose de él. Esta línea de actuación, seguida por parte de muchos aficionados del Barca, contrasta con los gestos de imponer virtudes y valores cívicos y universales en la entidad por parte de la nueva directiva. El nuevo equipo directivo sigue mostrándose inflexible y contundente contra cualquier expresión de violencia en el Camp Nou. El club ha lanzado una campaña para acabar definitivamente con los miembros de Boixos Nois, quienes ayer llevaron a cabo una manifestación para protestar contra la directiva. El club, que no dado ni un paso atrás en esta política, sí que ha mostrado cierta debilidad en este ámbito porque ha denunciado en más de una ocasión que se encuentra solo en esta lucha contra los violentos. Después de todo lo acontecido días atrás, se le pedía un gesto contra cualquier manifestación racista al Camp Nou. La prueba no oficial al que se le sometió al Camp Nou deberá repetirlo en otra ocasión para conseguir el aprobado. Mejor le fue en su relación con Luis Figo. A pesar de que la herida no se ha cicatrizado, que los insultos contra el portugués se movieron en los mismos niveles de estridencia, el césped del estadio no recibió ni un objeto.