Con el frío llegan las primeras becadas al sur de la provincia
Los montes de San Bartolomé de Rueda acogerán el Campeonato de Castilla y León

Debido a su largo pico, también se las conoce como «pitorras»
Perdices chochas, arceas, sordas, pitorras... En cada pueblo y en cada comarca desde las zonas boscosas del norte de España a las riberas y humedales del sur de León se la conoce con un nombre distinto, pero se trata de una misma ave: la becada, auténtica dama del bosque. Aunque algunas parejas habitan la cordillera Cantábrica y los montes de León es bien entrado el otoño con el aire polar congelando las estepas nórdicas cuando llegan de forma abundante, si bien unos años más que otros. Buscarán los humedales y las umbrías, los sotos caducifolios de robles y hayas próximos a los prados naturales e, incluso, las choperas de ribera. Dará comienzo entonces una modalidad de caza que despierta verdaderas pasiones. Tiene la arcea un plumaje barrado de tonos pardos negros y blancos que le permite mimetizarse a la perfección. Tan solo con la ayuda de un buen perro, especializado en este tipo de caza, se conseguirá arrancarla de la espesura. Su vuelo silencioso y zigzagueante unido al habitat boscoso en que se caza obligan a disparar «a saque» en la mayoría de ocasiones y la convierten en una pieza difícil de abatir. Todas estas dificultades, lejos de amilanar al cazador, la hacen una pieza sumamente codiciada. Sus costumbres varían sensiblemente del verano al invierno. Con el frío se convierte en ave nocturna y tan solo al anochecer o al amanecer puede verse saliendo o regresando a la espesura donde pasa las horas diurnas. Su habitat ideal debe combinar los bosques cerrados con sotobosque espeso, en el que se refugia durante el día, con la proximidad de prados y humedales donde se alimenta durante la noche. Su alimentación la realiza utilizando el largo pico, que le ha dado el nombre de pitorra, para capturar lombrices y larvas de insectos enterradas a pocos centímetros de la superficie. Los prados húmedos, los claros del bosque, las fuentes y especialmente las zonas donde abundan los excrementos del ganado son sus cebaderos preferidos. Ocasionalmente puede consumir alguna semilla o frutos silvestres. Dado que su principal depredador, junto con el zorro y el jabalí, es el hombre, nunca debe utilizarse aquello de «al ave de paso cañonazo», antes bien, una práctica cinegética racional y la conservación de su habitat, bien abonado por la ganadería extensiva y sin pesticidas ni herbicidas, será la mejor garantía de conservación. El largo camino desde el norte El paso hacia la Península lo realiza normalmente a través de los Pirineos, pero puede hacerlo directamente por la costa desde las Islas Británicas. Los bosques de la cordillera Cantábrica, en la fachada Atlántica, constituyen su primer refugio, pero cuando el frío y la nieve llegan a estas zonas bajará hacia el sur, colonizando los bosques de León hasta las sierras de La Cabrera, Béjar o La Culebra. Así en Cantabria y Asturias se caza al principio de la temporada, pero en León es difícil encontrarla antes de mediados de noviembre. Cuando el frío aprieta de veras puede asentarse, de forma temporal, en las choperas de las riberas de los grandes ríos, siempre en zonas pantanosas con abundante vegetación y hojarasca. Así se la conoce perfectamente en toda la ribera del Esla, desde Planquinos a Villaquejida, donde se la ha bautizado chacha perdiz, si bien no entra todos los años. A simple vista resulta muy difícil de localizar, pues incluso su vuelo irregular entre los árboles puede dar lugar a confusiones con el buho u otras rapaces nocturnas. La arcea, sin embargo, no se oculta entre las ramas, sino en el suelo, aprovechando la hojarasca y la hierba. Para cazarla se requieren perros de muestra muy bien adiestrados. Es preciso que el can aguante la postura durante el tiempo necesario para que el cazador se percate y se posicione de forma adecuada. Dado que suele permanecer en zonas de vegetación muy espesa durante el día, lo perros suelen ir provistos de un cascabel para que el cazador sepa en todo momento la posición del can. Si el cascabel deja de sonar es que el animal está «puesto», pero aun así resulta en ocasiones difícil de localizar. La afición llega a tal extremo que los cazadores francese e italianos, que junto con los vascos y navarros, sienten mayor pasión por la becada, utilizan procedimientos de sofisticación extrema, dotando a los perros con pequeños emisores, sujetos al collar, que indican la posición y ayudan a su localización en la espesura. En los cotos de La Cabrera Alta y de la zona Norte, es muy frecuente que asturianos y gallegos consigan acuerdos con los titulares para cazar de forma exclusiva esta ave. En las ultimas jornadas de caza ya se han abatido numerosas becadas entre los robledales del Torío y Porma. Aunque nunca se puede asegurar el éxito cuando se cazan las pitorras dada su movilidad, todo apunta a que el campeonato autonómico que el próximo día cinco de octubre se celebrará en el coto San Bartolmé de Rueda administrado por Riomonte, al que concurrirán con sus perros grandes especialistas, pueda resultar muy competido.