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El eterno aspirante

El buen fútbol de ataque no siempre es valorado en los equipos

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Daniel Roldán - madrid
León

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Cuando se hacen las quinielas para ocupar el banquillo de un equipo grande, siempre aparece Víctor Fernández. Aragonés de 44 años, licenciado en Filosofía y Letras y, desde este domingo, campeón de la Copa Intercontinental. Además, es el primer español que ha conseguido este título con un equipo extranjero. La vida deportiva de este aragonés, cuidadoso hasta el extremo en los detalles, va pareja a su terquedad en los aspectos tácticos. El buen fútbol de ataque, basado en el toque, es su libro de cabecera. Así consiguió llevar al Zaragoza a la victoria en la Copa del Rey de 1994 y a la Recopa del año siguiente. Pero los resultados mandan y, muy pronto, las directivas y las aficionados se olvidan de las diagonales, de la presión y del fútbol volcado en la portería contraria. Salió, con el corazón roto, del club de sus amores en la undécima jornada de la 95-96, después de siete años al mando del barco maño. Antes, ya había absorbido los consejos que le dieron Antic e Ildo Maldonado. Admirador de Jorge Valdano, intentó emular al argentino en el Tenerife. Pero la confianza con el técnico maño se terminó en la jornada diez. Con cinco derrotas, decimoterceros en la Liga, los chicharreros prescindieron de Fernández. Otra vez, la directiva de su club no había confiado en el buen fútbol. Aterrizó en Vigo, donde el Celta deslumbró con un fútbol espectacular. Los Mostovoi, Karpin, Sylvinho, Cáceres y compañía no se bajaron del séptimo puesto en cuatro temporadas y llegaron a una final copera. Pero les faltó el premio de la Liga de Campeones. Sin saber qué más hacer para subir un escalón, Víctor cogió las maletas otra vez. Se fue al Betis, donde volvió a sonar para el Madrid antes de la llegada de Queiroz. Sus problemas con los jugadores le llevaron a dejar Sevilla. Sin sitio en España, el Oporto llamó a su puerta después de un tumultuoso verano. El Oporto de Fernández empezó mal, perdiendo la Supercopa de Europa, y perdiendo en la Superliga lusa. Poco a poco, Víctor ha ido despojando a sus jugadores de la mentalidad defensiva de su antecesor, apostando por el juego rápido y por bandas. Ahora nadie discute la opción Fernández. Un título en el bolsillo y el estar vivo en todas las competiciones le avalan.

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