Diario de León

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Piscicultura genética real

Nadie pondría objeciones a un proyecto así, completamente automatizado, y en cuanto al coste, estaría cubierto abandonando el desastroso plan de control del lucio 1397124194

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Ordoño Llamas Gil - león
León

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Los caminos de la ciencia biológica aparecen todavía insondables. No cabe duda de que se hacen esfuerzos para despejar las incógnitas que se presentan a diario, encaminados a conseguir unas repoblaciones de truchas autóctonas (fario, por ejemplo) criadas en piscifactorías, que aseguren su supervivencia en el medio natural en un corto período de aclimatación, ejerciendo sus defensas ante la depredación y ante los señuelos de los pescadores y que, además, posean el instinto de procreación necesario para reunirse (las que queden vivas en el otoño) en cardúmenes que constituyan unos verdaderos fregones , ya sea por su parte o uniéndose a las escasas pintonas auténticas, consolidando así la pervivencia y haciendo desaparecer los malos augurios sobre su exterminación inminente. Pero, aunque parece que se ha intentado de mil formas, puede que ninguna de ellas haya ofrecido las garantías suficientes para conseguir un resultado ni siquiera mediocre, si tenemos en cuenta que se han hecho pruebas de todo tipo, incluso efectuando muchos cruces con truchas procedentes de otras comarcas o naciones, repoblando después con estos alevines que tienen algunos un gran parecido externo con las nuestras, pero con costumbres diferentes a la hora de defenderse una vez enganchadas. Todos hemos pescado ejemplares que nada más clavarse inician una carrera vertiginosa, otros que se comportan como consumados saltarines, los hay con la parte del morro más romo y los dientes como limados, hubo algunas generaciones (no de criar, sino de repoblar) de truchitas blanquecinas que al cogerlas parecía que se iban a destripar solas, otras con las pintas muy diferentes, etcétera, un arco iris (no la especie de consumo industrial) de colores, formas y comportamientos que nunca han podido reemplazar a nuestras fario. Todas estas truchas con las que se nos han repoblado parte de nuestros ríos no parecen permanecer durante varios años y menos aún criar como sería lo adecuado, por lo que van desapareciendo y hay que continuar inyectando sin remedio para conseguir aparentar naturalidad ante la opinión pública provincial, regional, nacional y mundial , que se dejan engañar para continuar el teatro de las competiciones internacionales . Yo sólo me hago una pregunta al respecto ¿Las producimos estériles o las esterilizan para vendérnoslas? Como la ignorancia es realmente muy atrevida, voy a hacer lo propio exponiendo lo que desde mi punto de vista sería el procedimiento ideal para conseguir por línea directa una reproducción más o menos consecuente de las truchas autóctonas, sin necesidades transgénicas. Condiciones indispensables 1 La no utilización del sistema eléctrico para su pesca, evitando la posible incidencia que pudiera ejercer sobre la esterilización de las truchas o de sus huevas o esperma, debiendo hacerse con nasas y sacadoras completamente esterilizadas. 2 La absoluta prohibición de ejercer el mas ínfimo contacto con la piel humana. Esta opinión está basada en prácticas con carpas llevadas a un estanque en Lorenzana. Otras pequeñas fueron introducidas en un acuario oxigenado en el domicilio. Al cabo de poco tiempo se cubrieron todas de moho blanco. Para comprobar el motivo, se pusieron otras tres pequeñas en el acuario, habiendo tenido la precaución de no tocarlas con los dedos al pescarlas. El resultado fue que estas últimas no se murieron ni enfermaron por ello. 3 Que no exista ningún contacto, ni físico ni visual con las personas que atiendan al alevinaje, fomentando así la desconfianza obviamente necesaria hacia la especie humana. 4 Los estanques de la piscifactoría deberán estar cubiertos, dejando un amplio espacio para que pueda circular por ellos un aire acondicionado sin ninguna contaminación. 5 El personal debería estar compuesto por biólogos o microbiólogos sin preocupaciones económicas, pero sí de un altruísmo minucioso y perfeccionista. Comenzaremos por tanto con la extracción de progenitores en los mismos frezaderos con objeto de aprovechar sus huevas y esperma en el mismo momento y devolviendo a las aguas a todos los ejemplares (en evitación de transportes inadecuados y mortandades no previstas, como parece haber ocurrido), siendo estrictamente rígidos en lo que se refiere a su manipulación con guantes esterilizados hasta la exageración, para evitar su contacto con la piel humana, y transportando el germen de vida producido por sus cuerpos en compartimentos estancos tratados con el mismo esmero y oxigenados en su justa medida, para que, siguiendo un minuciosísimo proceso de incubación aparentemente real con la temperatura adecuada de un agua de singular pureza natural, para lo que serían quizá necesarios estanques de un material no contaminante (no sé si el acero inoxidable puede tener buenas características, aunque haya que tratarlo), podamos llegar a un final feliz en nuestro proceso de procreación artificial de truchas fario autóctonas, consiguiendo unos porcentajes elevados de alevines, que seguirían su proceso de alimentación y crecimiento basándose en productos de origen fluvial, incluyendo entre ellos los mismos cebos naturales que encontrarían en los ríos. Si fuera necesario, podría alimentarse a estos alevines con la producción de varias granjas o minicebofactorías donde se criasen por millones las lombrices (que ya las hay), los pérlidos (mosca de mayo), los gusanos de canutillo e incluso las efémeras, en su estadía de larvas sobre todo, pero también de ninfas e insectos adultos, de cuyos cebos no me cabe duda de que darían buena cuenta los pequeños alevines. Si queremos continuar el proceso natural de su crianza, podremos incluir también algunas minipiscifactorías de bermejuelas, gobios o piscardos, que darían satisfacción a los ejemplares mas desarrollados, aptos ya para las próximas repoblaciones, que deberán hacerse siempre durante los dos primeros meses de la veda. Y en adelante, ¡prohibidos los malditos puesto compuestos! ¡No más vacas locas ni pollos almacenando antibióticos! Sinceramente, yo creo que la genética no pondría objeciones a un proyecto de este tipo, completamente automatizado, y en cuanto al coste, estaría cubierto abandonando el desastroso plan de control del lucio en las zonas bajas y transfiriéndole su presupuesto.

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