Fischer busca ser deportado a Islandia para huir de la justicia de Estados Unidos
El legendario y controvertido ajedrecista Bobby Fischer lucha ahora por ser deportado a Islandia para escapar al jaque de su propio país, Estados Unidos, que le mantiene confinado desde hace seis meses en un centro japonés de detención. En la partida que juega contra la justicia estadounidense, Fischer, de 61 años, permanece acorralado, desde que el pasado 13 de julio las autoridades de inmigración del aeropuerto Narita de Tokio le detuvieran por tratar de viajar con un pasaporte invalidado. Estados Unidos le reclama por haber violado en 1992 el embargo que decretó sobre la ex Yugoslavia al aceptar jugar allí una revancha contra su viejo rival, Boris Spasski, que le reportó más de tres millones de dólares. Había sido su primera partida pública desde que veinte años atrás se convirtiera en campeón del mundo y héroe estadounidense de la guerra fría, al doblegar al entonces maestro de maestros ruso, el mismo Spasski. Alcanzó el pico de su fama en aquella legendaria cita celebrada en Reikiavik, Islandia, país que no le olvida y que ahora le ha abierto sus brazos para refugiarle, pese a sus polémicas reapariciones públicas. El pasado 15 de diciembre, el Gobierno islandés ofreció a Fischer un permiso de entrada en el país y de residencia, aunque carece de pasaporte y pesa sobre él una orden de extradición. Los letrados del controvertido ajedrecista, englobados dentro del llamado «Comité de Liberación de Bobby Fischer», basan ahora toda su estrategia en tratar de encontrar una vía de salida a Islandia, mientras la orden de deportación permanece bloqueada en los tribunales. Una estrategia que aparta otras opciones como la petición de un pasaporte alemán, aduciendo que su padre era de esa nacionalidad.