Diario de León
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MARTÍN
León

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PARA QUE La enfermedad haga crisis positivamente -iniciando la mejoría del enfermo de forma ostensible- es necesaria la medicina de la victoria, único remedio benefactor. Eso supone que ante el Alavés B, únicamente vale ganar. Ganar o ganar, eso es el camino. Y para ganar hacen falta varias cosas, la primera que el gol vuelva por donde solía, y todos los aficionados saben perfectamente cual es, o era, ese antes relativamente camino llano y ahora camino pedregoso. Además del gol favorable, es preciso que el gol en contra no llegue o llegue en menor número que el favorable. Porque, una vez más dejamos constancia de lo que es evidente en el fútbol: Para llegar a la posada de la victoria, es preciso marcar mas goles en la portería contraria de lo que el contrario consiga en la propia. Algo elemental, pero problema de complicada solución. Buscar el camino que lleva al gol verticalmente, dejando los preciosismos y demás elementos complementarios que suelen tener únicamente efectos de fuegos de artificio. De nada sirve fabricar ocasiones de gol, si no se materializan; de nada vale tener el balón durante una abrumadora cantidad de minutos, si el contrario aprovecha las escasas ocasiones -tan escasas a veces que suelen ser singulares- de que disponga. Ataque y defensa; juego práctico primero y luego, si es posible, dar espectáculo. Ganar o ganar; pero para ello no solo vale el deseo sino hay que llevarlo a la práctica con una alineación adecuada (un lugar para cada jugador y cada jugador en su puesto), imprimir al juego la dinámica propicia para que planteamientos y esfuerzos fructifiquen positivamente en el marcador, juez inapelable de los partidos. Tener confianza en las propias posibilidades; jugar como equipo atendiendo cada jugador a su misión específica, como en la canción infantil: Antón, Antón, Pirulero, cada cual que atienda a su juego... Finalmente, que los aficionados hagan piña con el equipo, desde el inicio del partido hasta el final, animando si desmayo aunque las cosas no rueden favorables, precisamente entonces es cuando el equipo necesita mayor apoyo; o sea, que la afición anime al equipo y no el equipo a la afición. En definitiva todos, equipo y afición, reman en la misma galera para llegar al buen puerto. Remar, remar sin desmayo para llegar a la orilla, por más que el desaliento, acumulado durante lustros de frustración, quiera imponerse.

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