El Madrid se desploma en Getafe y se olvida en marzo de los títulos (2-1)
Los blancos dejan escapar el último tren para tener opciones de recuperar terreno al Barça

Ronaldo regresa al centro del campo tras un gol del Getafe
El Real Madrid se desplomó en Getafe, donde sufrió una derrota histórica que deja al Barcelona el camino todavía más expedito hacia la consecución del título de Liga, con once puntos de ventaja y 33 por disputarse. Anímica y físicamente destrozados, los blancos deambularon como alma en pena por el Alfonso Pérez y fueron barridos del campo por un ilusionante y modesto equipo que huye casi definitivamente del descenso. El golazo final de Solari, que ni lo celebró, sólo maquilló la sonrojante derrota. Seguro que de Sánchez Flores, quien impartió una lección magistral ante la mirada atónita de los dirigentes del club donde no pudo pasar de entrenar al juvenil, han disfrutado de pocos partidos tan tranquilos como éste en toda la temporada. Jugaron con fe, convicción, autoestima y seguridad en sus posibilidades. Supieron manejar con maestría los tiempos del juego frente a un rival inexistente, roto, hundido y hasta pasota. El grave problema añadido de este Madrid es que aún le quedan diez jornadas de Liga por delante y le espera el veredicto implacable del Bernabéu. Ante un Getafe que de salida le regaló el campo y hasta el balón, el Madrid tuvo un arranque prometedor, al menos para lo que acostumbra en los últimos tiempos. Con Guti participativo, pareció dominar, aunque ya mantuvo los clásicos vicios de no romper por banda y no saber jugar sin balón, rémoras que se acentuaron a lo largo del partido. Ese empuje le duró justo 17 minutos, lo que tardó Aragoneses en reivindicarse con una excelente intervención a tiro de Raúl. El Geta se vino arriba y jugó sus bazas con inteligencia y precisión. Atrás se juntaba bien y, cuando robaba, jamás despreciaba el toque, la distracción del rival y las incorporaciones por banda. Al menor contacto, sus jugadores buscaban la falta para buscar el factor Gica a balón parado. Precisamente en un córner el rumano dio el primer susto a los merengues. Si no marcó el gol fue porque Roberto Carlos lo evitó en el segundo palo. A partir de ahí, David bailó a Goliat hasta sacarle los colores. Con un solo equipo sobre el césped, los burgueses de La Castellana se limitaron a ver la exhibición de los jornaleros del balón de la zona sur de la Comunidad. Por si quedaba alguna duda del claro triunfo local, Riki, un jugador formado en la antigua Ciudad Deportiva blanca, cerró el duelo en el arranque de la segunda mitad. Entró como quiso entre los defensores visitantes, que reclamaron un fuera de juego inexistente por casi dos metros, y batió con facilidad a Casillas. El nudo gordiano de la historia del derbi ya estaba escrita, aunque aún le faltaban algunos capítulos por resolver. Sobre todo, le quedaban la entrada a destiempo de Gravesen a Gabi, que terminó con el centrocampista cedido por el Atlético retirado en camilla y doliéndose de una rodilla, el tardío castigo de Luxe a Raúl Bravo, Figo y Zidane, y el tremendo disparo final de Solari que dio algo de suspense al final.