Eclosiona la mosca de mayo y se mueven las grandes truchas
Los últimos días de este mes son, tradicionalmente los mejores para pescar en León

El insecto natural y su imitación artificial realizada por Oscar Granizo
A finales del mes de mayo y con los ríos estabilizados conservando todavía un aceptable caudal llega la mejor época para pescar en León. Las eclosiones de insectos son abundantes tanto al medio día como en los serenos de la tarde-noche que ya comienzan a producirse en muchos ríos, en la práctica totalidad de los bercianos y también en el Orbigo. Pero en los cauces de naturaleza caliza destaca a partir de esta época la eclosión formidable de un insecto conocido en León como la mosca de mayo y fuera de la provincia como la mosca de la piedra. Se trata de un pérlido de gran tamaño cuya ninfa, el rancajo gusarapa, tiene su nicho habitual debajo de los cantos rodados de las corrientes. Cuando alcanza su madurez sale al exterior abandonando su caparazón sobre las piedras semisumergidas y convirtiéndose en una mosca que volará hacia las ramas, juncos y hierbas de la orilla del cauce. Allí será fecundada por el macho, mucho más pequeño y sin alas. Una vez fecundada, y con la enorme carga de huevas pegadas al final de su abdomen, volará de nuevo para caer pesadamente sobre la lámina del agua y depositarlos allí. En ocasiones derivará nadando o será arrastrada al lado de las salgueras momento que aprovecharán las grandes truchas para tomar este abundante y sabroso bocado. Las eclosiones de mosca de mayo comienzan en los cursos medios a partir de mediados de este mes. A medida que remontamos el río hacia su cabecera se va retrasando de forma que, en los cauces de montaña, puede darse a finales de julio e incluso en agosto. Es preciso que el pérlido lleve cayendo algunos días para que las truchas lo coman en superficie. Es curioso comprobar que en algunos ríos como el Porma o el Órbigo la mosca de mayo es devorada con avidez mientras que en otros como el Esla la comen muy raramente. El Curueño y el Torío son buenos ríos para pescar con este cebo, al igual que el Omaña. En los ríos bercianos, sin embargo, apenas eclosiona. En estos días la mosca de mayo está cayendo de forma abundante en el Porma y en el Esla y muy pronto lo hará en el Órbigo. Precisamente en el Porma se está pescando bien tanto en los cotos como en los tramos libres, aunque en estos últimos la presencia masiva de pescadores dificulta la pesca. En el coto intensivo de Marne, donde recientemente se han soltado algunos reproductores, la mosca de mayo ha hecho estragos entre éstos. El pasado sábado este comentarista capturó allí dos ejemplares de cincuenta centímetros y kilo y medio de peso. Natural o artificial La pesca con el insecto vivo se ha realizado en León desde siempre. Especialistas como Tomás Granizo, Angel Carbajo o José Majo, todos ellos de Benavides de Orbigo, han podido pescar, sin exageraciones, toneladas de truchas con este arte cuando el Orbigo atravesaba sus buenos tiempos. Ahora la cosa parece mucho más complicada, pero se sigue pescando. La forma habitual es colocar un codal en un aparejo provisto de boya o buldog a una distancia de ochenta centímetros de la misma. Allí, y sobre un anzuelo del cuatro o del cinco se enebra el insecto de forma contraria a la gusarapa, para que navegue con la cabeza aguas abajo. La mosca ha de ser hembra y, si ello es posible, con carga de huevos. Dependiendo de la anchura del cauce puede utilizarse caña de lance provista de carrete o una caña de cinco metros sin carrete. La pesca con mosca artificial se practica habitualmente con cola de rata pero también puede hacerse con lance ligero. Si la imitación está bien realizada puede ser tan eficaz como la mosca natural. Aquí el principal problema es conseguir la flotación en un señuelo tan grande. Cada montador tiene su técnica que va desde utilizar pelo de ciervo a colocar un pequeño trozo de fuan negro en el abdomen. Se consigue así un doble efecto: que la mosca flote mejor y que imite la carga de huevas. La picada es sumamente emocionante ya que la trucha sube con decisión para evitar que la mosca salga volando. Además no es frecuente que piquen truchas pequeñas y sí que lo hagan las grandes truchas. Dependiendo de la climatología la época de la mosca de mayo suele durar unos quince días y la pesca algo más debido a que la trucha conserva una cierta memoria. Si sobreviene el frío puede cortarse antes. En todo caso, y dado que comienza en unos ríos antes que en otros, el aficionado puede pescar con la mosca de mayo, cambiando de escenario, durante todo el verano.