La Cultural remonta cuando se olvida del árbitro y a balón parado (3-1)
El equipo leonés vence al Durango tras las expulsiones d e Negral y del técnico Álvarez Tomé Txintxurreta: «El colegiado se ha encargado de reventarnos el encuentro»

Rubén Suárez volvió a dar la cara en la punta de ataque, con un trabajo y un desgaste encomiables
Álvarez Tomé diseñó un equipo titular mermado por las bajas en la cobertura. Las lesiones de José Ángel y de Alex Goikoetxea obligaron al técnico leonés a echar mano del canterano Marcos, un chaval descubierto por el propio Álvarez Tomé en su anterior etapa en el club leonés. Negral y Vojvoda ocuparon el centro de la defensa y Casquero el carril izquierdo. Soto y Burgueña actuaron como mediocentros, con Pepín y Pablo Díaz en los interiores. Rubén Suárez y Paulino se fajaron con la defensa vizcaína. La Cultural tomó desde el primer minuto el peso en el centro del campo, con un juego de presión y recuperación de balones. El rival se dejó dominar, pero hasta los tres cuartos de campo. A partir de la zona de máximo riesgo, el equipo vasco amuralló el área, para luego salir con dudas hacia los dominios del marco defendido por el bilbaíno Aulestia. Conforme se sucedieron los minutos, el dominio de la Cultural se acentuó con penetraciones por las dos bandas. Pepín y Pablo Díaz se convirtieron en los transmisores del balón hacia las posiciones más avanzadas. El alicantino fue objeto de un claro penalti en el minuto 19 de partido al llegar el meta visitante muy tarde al balón. El árbitro gallego González Arévalo interpretó excesivo teatro en el interior local y mandó seguir el juego. La afición encrespó su ánimo. El colegiado fue el centro de todas las iras. Todavía más cuando expulsó a Negral por frenar con la mano una cesión propia. La contrariedad de la afición culturalista le llevó a poblar de pañuelos de desaprobación la grada. El público recordó con gritos a la Federación la factura que según la hinchada leonesa pasa al conjunto de Álvarez Tomé, por apoyar durante la estancia de Ramón Fernández como director general del club a la candidatura encabezada por Gerardo González a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol, en lugar de hacerlo a Ángel Villar, que consiguió a la postre gobernar por otros cuatro años el fútbol español. La Cultural debe aprender para un futuro que el voto es secreto y que nadie debió conocer el signo de la papeleta introducida en la urna por Antonio García de Celis. Nadie puede probar que los árbitros perjudican al club leonés, por lo que la Cultural debe limitarse a desarrollar el mejor fútbol para imponerse a determinadas decisiones que puedan parecer parciales. El encuentro se puso al revés de como se planteó. En otra indecisión de la cobertura leonesa, Pitu se aprovechó de Burgueña para mandar el balón a las mallas. Con el marcador en contra, a la Cultural le tocó nadar a contracorriente. Con el paso de los últimos minutos del primer tiempo, el conjunto local se distrajo más de la cuenta en protestas inútiles hacia el colegiado gallego, que no condujo a mejora ninguna ni en el juego ni en el marcador del estadio Antonio Amilivia. El nerviosismo se trasladó al banquillo local y al palco. Carreras desde la zona noble hasta el vestuario para criticar al trío arbitral no ayudan a limar asperezas. Todo lo contrario. Álvarez Tomé en vez de serenarse, con este tipo de actuaciones de alguno de sus superiores se contagió de ese nerviosismo de la cúpula. Al final, el técnico fue expulsado, con más de medio partido por delante. Ángel Luis y Juan Carlos, además del preparador físico, Juan García, hicieron su labor, con paseos desde el túnel de vestuarios (donde estaba Tomé) hacia el banquillo, para trasladar sus órdenes a los jugadores locales. La labor del público desde la grada maniató la soberbia arbitral. Con Burgueña de central y con cambios de posicionamiento en los interiores para buscar el factor sorpresa, la Cultural dominó el encuentro. Un penalti transformado por Paulino y una falta lanzada de forma magistral por Casquero bastaron para dar la vuelta al marcador. Con un jugador menos y a balón parado, la Cultural sacó adelante el partido, pero cuando todo el mundo se olvidó de que existía árbitro.