El Calderón no da crédito al desenlace que fuerza Forlán (1-1)

El uruguayo, de cabeza, iguala en el último segundo un partido que no selló el Atlético Pellegrini: «El equipo ahora es más competitivo y espero que siga así»

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León

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El uruguayo Diego Forlán, en el minuto 93, empató el partido entre Atlético y Villarreal (1-1) y le dio un punto a su equipo muy trabajado y seguramente merecido, porque no se descompuso nunca,a pesar de lo mal que le empezaron las cosas. Fue un partido marcado por el duelo entre los argentinos Carlos Bianchi y Román Riquelme. Discípulo y profesor se veían las caras como enemigos después de un sensacional periplo de ambos en el Boca Juniors desde 1998 hasta 2001, con la Intercontinental ganada al Madrid en 2000, como guinda a cuatro temporadas de éxitos. Ambos se saludaron efusivamente antes de comenzar el encuentro y se desearon suerte. Mejor no se le pudieron poner las cosas al Atlético para encarar el partido. En el minuto 5, Zahínos enganchó un tremendo disparo desde fuera del área, el balón pegó ligeramente en el argentino Martín Arruabarrena y se coló como un obús en la portería del meta uruguayo Sebastián Viera. Un golazo que premió a un jugador que se ha ganado un puesto en el once de Carlos Bianchi con mucho trabajo. Es Zahínos un futbolista oscuro y que ha sufrido una auténtica travesía por el desierto para llegar a donde está. Después de casi tres temporadas parado por culpa de las lesiones, el canterano de 27 años inauguró su casillero como goleador rojiblanco y se reivindicó como hombre de confianza del técnico. Apostó Bianchi por colocar a Gabi, en detrimento de Luccin, como medio centro en compañía del autor del tanto y le salió bien el desafío. Al madrugador tanto recibido se unió la expulsión del central Gonzalo por una dura entrada a Torres y la lesión del portero Viera, que obligó a Pellegrini a cambiarlo por el argentino Mariano Barbosa. El Villarreal no se descompuso y Forlán, el mejor de su equipo, culminó una auténtica heroicidad. En el último suspiro llevó, de cabeza, el empate al marcador y la desolación a las gradas de un Calderón que no dio crédito.

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