Los arranques de coraje no bastan
Un Ademar sin suerte al final cae con el Magdeburgo y disputará la tercera plaza al Barça
El Ademar no tiene suerte cada vez que se cruza con el Magdeburgo en la Supercopa de Europa. Si hace cinco años el conjunto germano cerró a los leoneses el paso a la final al ganarles claramente en su cancha, ayer volvieron a hacer lo mismo en el Palacio. Y aunque fue por un margen mucho más apretado -un sólo gol- su victoria fue justa. Bien es cierto que la suerte acompañó a los teutones en la recta final, cuando el poste repelió un penalti lanzado por Entrerríos que hubiese supuesto el empate a 27 y dejar en manos de la tanda de penaltis el nombre del otro finalista de la Supercopa junto al potentísimo Ciudad Real. Fue un fallo doloroso para el central-lateral asturiano. En primer lugar porque es de esos fallos que deciden un partido y en segundo lugar porque llevaba en su cuenta cinco penaltis seguidos sin fallo. Es más, fue él quien hizo el empate a 26 desde los siete metros cuando quedaba por jugarse menos de un minuto. Sin embargo, no cabe achacar ni a Raúl ni a la mala suerte la derrota del Ademar. Una derrota que nadie esperaba porque las numerosas bajas del Magdeburgo -Kretzsmar, Abati- hacían pensar en un rival asequible. Sin embargo, no fue así. Su técnico, Alfred Gislason había advertido el viernes que no habían venido a León como meros comparsas y pronto lo dejaron claro con su juego serio. Sin inspiración, espesos en ataque y con una portería que volvió a tener una mala tarde, el equipo leonés sólo brilló en defensa. En muchos momentos se vio al equipo hacer una muy buena defensa 6-0. Con una tremenda intensidad y con ayudas contínuas el Ademar complicó el ataque alemán. Prueba de ello es que le pitaron varios pasivos por ser incapaces de encontrar un espacio para enfilar la portería. Principalmente, todos los que jugaron por el centro: Morros, Castresana, Prendes, Colón, Ivo e incluso Laluska estuvieron a un buen nivel en este apartado. El marcador era fiel reflejo de esta situación. En el minuto quince de la primera parte un corto 5-5 ponía de manifiesto que los de Cadenas estaban fuertes en defensa, sujetando a los lanzadores alemanes, pero que en ataque posicional, espesos. El actual Ademar juega muy poco con los extremos cuando tiene que enfrentarse a una defensa ordenada. Salvo en los contraataques o en alguna acción aislada, las alas entran poco en acción. Lógicamente, eso limita mucho el ataque y lo hace previsible en exceso. Y ayer, Kjelling no tuvo un día brillante, el Laluska emergente desapareció por completo y Raúl Entrerríos sólo se destapó bien avanzado el segundo periodo. Durante el primer periodo, con ambos equipos bastante pastosos, las diferencias fueron mínimas, salvo en la recta final cuando el Magdeburgo llegó a irse de tres gracias sobre todo a los latigazos del lateral pelirrojo polaco, Karol Bielecky. Su brazo derecho es un cañón. En la primera mitad martirizó la portería leonesa con cinco tantos casi sin fallo. Al final, los germanos se fueron con dos de ventaja (10-12). Las cosas empezaban a pintar mal. Se necesitaba un arranque de emotividad y se produjo. Jorge paró un lanzamiento. Ademar, marca. En el siguiente ataque teutón, la defensa les hace cometer pasividad y Kjelling empata a trece rozando el minuto cinco. El pabellón empezó a vibrar y al grito de «¡A por ellos!», el equipo mostró su mejor cara. Los alemanes, sin embargo, no se descompusieron. Surgió el esloveno Vugrinec para superar los apuros con sus lanzamientos y volvieron a poner tierra de por medio. Con 20-22 en el marcador y sólo ocho minutos por delante, el Ademar volvió a tener otro arranque de coraje y de casta. Se metió en el partido y empató a 25 a falta de dos minutos. La recta final fue un toma y daca y los germanos estuvieron más acertados y en el cara y cruz del penalti final tuvieron más suerte. Por eso jugarán hoy la final.