Diario de León

Ademar redibuja una nueva liga

Los leoneses se vengan de Portland arrebatándole el liderato y su imbatibilidad en la Asobal

Stranovsky, que cuajó un gran partido, se faja con el esloveno Lubej en una posición inusual para él

Stranovsky, que cuajó un gran partido, se faja con el esloveno Lubej en una posición inusual para él

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Georgino Fernández - león
León

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Al Ademar le hacía falta un partido así. Cuando las cosas se tuercen de forma continuada, cuando casi todo son males, cuando el orgullo está herido lo que sirve, lo únicoque sirve es dar un paso adelante. Y además hay que hacerlo pisando fuerte, para que resuene a modo de aviso a navegantes y anuncie que el Ademar sigue siendo un grande, un equipo campeón. Eso es lo que hicieron ayer los leoneses dando además un golpe de mano a la liga en su tercer enfrentamiento con el Portland en las últimas dos semanas. Los navarros eliminaron de forma dolorosa al Ademar de la Liga de Campeones hace siete días en un partido donde los árbitros influyeron en el resultado. Había en el equipo ganas de revancha, de demostrar cosas. El desquite fue aún más dulce para el Ademar porque su triunfo -unido a la victoria in extremis del Barça en Valladolid con gol de penalti de Juanín- da el liderato de la Liga Asobal a los azulgranas. El de ayer, fue en definitiva, un partido propicio para la autoestima y el Ademar se recetó una dosis en vena que, entre otras cosas, le va a venir muy bien para afrontar la próxima edición de la Copa Asobal en Zaragoza. Oxígeno puro para refrescar ideas y para afrontar con otros aires -mucho más positivos- los próximos compromisos. Desde el primer momento se vio que los jugadores del Ademar tenían ganas de disputarle el partido al Portland. Los tres primeros ataques navarros fueron neutralizados por la defensa leonesa, aunque en ataque el equipo tuvo un comienzo un tanto titubeante. Algo en lo que pudo tener que ver el inusual dibujo táctico que planteó Manolo Cadenas con Viran Morros jugando en ataque como lateral izquierdo, Kjelling haciendo funciones de central y Entrerríos en el otro lateral. Fueron minutos de igualdad. El Portland era hasta ayer el líder imbatido de la Asobal y eso es por algo. Las diferencias, a favor de uno u otro, nunca fueron por encima de uno o dos goles. En esos primeros compases ya se vio que iba a ser la noche de Stranovsky y de Kjelling. El extremo eslovaco hizo ocho tantos y el noruego -muy motivado- sumó siete. Stranovsky es un tipo que transmite. Da la sensación de que guarda todavía toneladas de buen balonmano y de que puede jugar -y hacerlo bien- de extremo, de central o incluso de lateral. El conjunto antoniano tuvo cinco minutos de pájara, del quince al veinte, en el que no hizo ni un sólo tanto en la portería leonesa. Su ausencia permitió al Ademar irse de tres pero ahí surgió la figura de Ruesga, que literalmente se salió. El central asturiano acabó con once goles. Once latigazos de diversas facturas que permitieron a su equipo estar en el partido. Seis en la primera y cinco en la segunda. Fue él quien evitó que la derrota del Portland fuese sensiblemente mayor, dado que inusualmente tanto Kasper como Svensson no tuvieron un buen día en la portería. Al final de los primeros treinta minutos el empate a 16 lo decía todo. A la brillantez de Ruesga, el Ademar opuso también el gran trabajo que desde hace semanas realiza Castresana en el pivote y la intensidad defensiva de jugadores como Prendes o Viran Morros. Todo por dilucidar y treinta minutos para hacerlo. Por suerte para los jugadores de Cadenas, el Portland seguía dependiendo excesivamente de las acciones ofensivas de Ruesga -aunque en este segundo tiempo lo secundó también Andorinho- y su portería seguía dejando claro que no estaba en horas altas. En el Ademar, por el contrario, despertaron tres hombres que a la postre fueron decisivos: Perales, Entrerríos y Roberto García. Cuando las cosas pintaban mal encararon siempre con decisión la portería antoniana. Sus acciones permitieron que el Ademar conservase hasta la conclusión los tres goles de renta que había logrado a falta de diez minutos. En los instantes finales, los aficionados en pie y coreando al equipo para saborear también el desquite. Un plato frío pero muy dulce.

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