El buen hacer de la Ponferradina contrasta con su falta de acierto
Un tempranero tanto del Lemona le bastó al cuadro vasco para sacar el encuentro adelante

Alberto Rivadulla trata de sujetar a Pastrain durante el partido de ayer en Arlonagusia
La Sociedad Deportiva Ponferradina quebró ayer en Lemona su excelente racha de resultados que le había llevado a ganar cinco partidos de forma consecutiva. Y lo hizo cayendo ante un equipo que milita en Segunda División B porque sabe explotar al máximo las características de su peculiar terreno de juego. Arlonagusia es un escenario de reducidas dimensiones y que además suele tener el césped en malas condiciones en la mayoría de los casos. Con estos parámetros, es difícil ganarle en su casa tratando de jugar al fútbol. Para salir airoso de Arlonagusia se deben utilizar otras armas, similares a las que maneja la escuadra de Iñaki Alonso. Los lemoarras son conscientes de que marcando un gol le será difícil remontar a cualquier adversario y por eso ayer los locales salieron volcados en los primeros minutos buscando precisamente romper la igualada inicial para hacer luego uso de sus discutibles armas balompédicas, que van desde el teatro a las marrullerías, pasando por las pérdidas de tiempo y el acoso constante al colegiado de turno. Esto último surtió efecto a los cinco minutos cuando el aragonés se inventó un penalti de Fuentes sobre Imaz Ager, que se dejó caer buscando precisamente lo que encontró. Lo que pasa es que cuando un penalti es un regalo arbitral, suele ocurrir que no acaba convertido en gol y así fue en esta ocasión. El vetereno Gartzen lanzó directamente a la base del poste y después el balón se perdió por la línea de fondo. Pese a la ocasión desperdiciada, los rojinegros seguían volcados sobre el área de Rubio, aunque las ocasiones que generaban no eran lo suficientemente diáfanas. Así ocurrió hasta que la Deportiva estaba atacando al cuarto de hora, cuando los vascos montaron una contra en la que el balón le llegó a Bozas, por la banda derecha, y su centro al interior del área lo tocó ligeramente Urrutia, lo justo para desviar el balón hacia el segundo palo donde no pudo llegar el meta deportivista. Con un gol en contra, por más que restaban en ese momento más de setenta minutos por jugarse, los bercianos ya podían intuir que sería complicado remontar el resultado. Pese a todo se pusieron manos a la obra y puede decirse que desde este momento hasta la conclusión del choque, ellos fueron los claros dominadores del partido. También es verdad que el Lemona se sentía encantado en ese papel, acumulando defensores ante Zigor, que es lo mejor que saben hacer, dejando arriba al escurridizo Imaz Ager y al espigado Pastrain, en busca de alguna contra para ampliar su ventaja. Los de Pichi buscaban la banda derecha, donde se encontraba Rubén Vega y por allí llegaron algunas ocasiones, como la que remató Pavone y que terminó en manos de Zigor. Las mejores ocasiones de la Ponferradina para haber empatado llegaron a balón parado. Los zagueros locales se empleaban sin contemplaciones y por eso fueron castigados con tres faltas peligrosas cerca de la frontal que no fueron aprovechadas por los blanquiazules. Lo intentó Rubén Vega a la media hora, pero su fuerte disparo fue atajado por Zígor después de salvar la barrera. Asier Salcedo mandó a las nubes en otra ocasión. Dominio visitante infructuoso En la segunda mitad no varió la decoración y las ocasiones se siguieron sucediendo ante el marco de Zigor. Estaba claro que si la Deportiva acertaba en alguna, tenía serias opciones incluso de ganar el partido, si los vascos salían de la cueva para buscar el segundo. Rubén Vega y Chupri hacían diabluras por la banda derecha, pero sus centros no encontraron rematador y cuando lo hicieron allí había algún defensa para rechazar el balón. Así ocurrió a falta de un cuarto de hora cuando un balón suelto lo remató Gorka y fue repelido por uno de tantos zagueros cuando iba adentro. En un centro desde la izquierda Pavone tocó el balón lo justo para quitárselo a Rubén Vega que se quedaba solo ante Zigor.