Implicación y compromiso
SIN PRETENSIONES alarmistas ni intoxicadoras. Tan sólo argumentar y si es posible convencer. Desde nuestra concepción de la Lucha Leonesa como deporte en evolución y desarrollo; con proyección de futuro. Justo lo contrario de la rutina y el más de lo mismo actual. Ni alarmismo ni intoxicación, pues: la triste realidad. Tan palpable como evidente. Requerismos a un lector, con criterio y con sentido de la realidad ¿qué nos falta por decir en relación con la crisis patente por la que atraviese la lucha leonesa? « Requiescatinpacem / consumatusest » fue su demoledora contestación. Pues por nuestra parte preferimos expresar, con la angelical candidez de estas fechas navideñas: feliz amanecer -resurección- para la lucha leonesa. Espiritualizando desde nuestro irreductible idealismo, desear que el ideal de Leonesidad aborde, invada y arrolle con una bocanada de luchístico aire fresco y renovador. Sólo que el panorama de inanición desalienta hasta extremos de un desesperanzado fatalismo que impulsa casi a tirar la toalla. «Casi». En la misma clave de resignación, pero dicho más líricamente y a la manera de Jorge de Icaza: en esta nuestra tierra ¿qué nos queda por hacer? Acaso únicamente repetir con el poeta: «Volver donde está la casa de uno/ por triste que sea;/ la tierra de uno, por seca que esté,/ las penas de uno, por duras que parezcan./ Son de uno, carajo». Si a García Lorca le dolía Andalucía, a nosotros -humildemente- nos duele la lucha leonesa y por ende nos duele León. Una lucha leonesa cada vez más apagada y mortecina. Para que haya futuro, no se ha de dar un paso atrás. Cuando últimamente se da tantos en la lucha leonesa. Y las minorías, las élites luchísticas (la intelectualidad más o menos entrecomillada), sin asumir su compromiso ¿a la espera de un liderazgo auténtico? «(¿) Qué buen vasallo, si hubiera buen señor». Comprendemos que no sólo sea cuestión de empuje y bríos para dar el paso y federativamente implicarse y comprometerse; compromiso e implicación. Disuade el previsible choque de mentalidades, ante la falta de ese liderazgo en sintonía («si Ángel Rivero volviera/ yo sería su escudero / que él buen Caballero era»). Y se tiene harto difícil el cambio de mentalidad, cuando menos a corto plazo. Se está imponiendo la patología realista del «aluche de la boina» sobre y en detrimento de lo que se viene a considerar como patológicas utopías del iluminado de turno. Pues seguimos contraponiendo el idealismo luchístico leonés frente al aprovechamiento -político, mercantil¿- «aluchero». Acaso el idealismo de los defensores de las causas perdidas y en lo que somos consumados especialistas. Sin duda la mística de la leonesidad nos sostiene. El compromiso de leonesidad y un a modo de compromiso intelectual. Y una inasequibilidad al desaliento que casi roza el masoquismo. Amamos la lucha leonesa -también parafraseando a Lorca- porque no nos gusta. En su estado actual, obviamente. Estamos tan hechos a predicar en el desierto, a no obtener frutos con nuestras prédicas, como habituados a convivir con la incomprensión e ingratitud. Pero ello no nos impide seguir en nuestra línea -nuestra «objetiva subjetividad»- de seguir llamando a las cosas por su (verdadero) nombre. Por suerte lo políticamente incorrecto, la independencia contra corriente, no tiene precio. Los políticamente incorrectos no estamos de oferta. La propia independencia nos blinda e inmuniza, al tiempo que estimula a continuar nadando contra corriente (mayoritaria) y pescar por libre. Y a pasar por alto ingratitudes e incomprensiones. «Cultivo una rosa blanca, en junio como en enero, para el amigo sincero, que me da su mano franca; y para aquél que me arranca, el corazón con que vivo, cardo ni oruga cultivo, cultivo¿ una rosa blanca» (cita del poeta cubano José Martín). Retomando titulares, elitista compromiso e implicación dando un paso al frente en esa línea comprometida e implicada; en orden a frenar los pasos atrás, enderezar el rumbo y apostar abiertamente por la proyección de futuro y su consiguiente despegue definitivo. Sin ni un paso atrás en cuanto a evolución modernizadora; a renovación total, obviamente respetando las esencias. Que el influjo del luchístico-idealista espíritu quijotesco inspirado por el centenario de El Quijote que ahora se cierra, desplace al aluchero-materialismo pancista: ese sanchopancismo tan consustancialmente cazurro¿