Bien en Europa, mal en el mundo
España confirma su valía continental, pero pierde fuelle en pruebas a nivel intercontinental en el año en que Isinbayeva y Powell inscribieron su nombre en la historia como los mejores
En año mundialista, el vetusto estadio olímpico de Helsinki fue el escenario sobre el que se depositaron todos los esfuerzos de la temporada y en el que la selección española protagonizó un importante retroceso en sus resultados en relación a la cita mundialista de Paris en 2003, aunque en los Europeos bajo techo de Madrid en cambio logró su récord de medallas, un total de doce. Pese a los buenos augurios de José María Odriozola, presidente de la Federación, el atletismo nacional sólo pudo sumar dos medallas, como no en la marcha gracias a Paquillo Fernández y Juan Manuel Molina, y diez finalistas en Helsinki, un sinsabor importante en comparación con las cinco preseas y trece finalistas de Paris. Helsinki sirvió también para coronar a la etíope Tirunesh Dibaba, doblete en 10.000 y 5.000 y previamente en los Mundiales de cross, al estadounidense Justin Gatlin, campeón mundial de 100 y 200, a Rashid Ramzi, que con su país de adopción, Bahrein, logró el oro en 800 y 1.500, y especialmente a la rusa Yelena Isinbayeva, atleta del año y figura indiscutible del atletismo mundial convirtiéndose en la primera mujer en rebasar cinco metros en pértiga. De la mano de Gatlin, el atletismo de Estados Unidos resurgió purificado con la eclosión de un equipo renovado que enterró con medallas, hasta 25, el escándalo originado por el caso Balco y que se ha llevado por delante a Marion Jones y Tim Montgomery, y recuperó el primer puesto mundial en el medallero después de que en Paris lo cediera a Rusia. La única muesca en la aparición del elegante Gatlin, el nuevo rey de la velocidad, fue la estelar carrera del jamaicano Asafa Powell en Atenas, donde logró la mejor marca de todos los tiempos en el hectómetro con un tiempo de 9.77 segundos. El jamaicano rebasó así en una centésima el récord manchado de Montgomery, aunque por culpa de una lesión no pudo medirse en el Mundial a Gatlin, en el que se presenta como el gran duelo de 2006. Un duelo siempre con permiso del que puede producirse en el 5.000 entre el etíope Kenenisa Bekele, plusmarquista de la distancia y dominador de los 10.000 metros, y el marroquí Hicham El Guerrouj, oro olímpico en 1.500 y 5.000 en Atenas. Bekele, pese a sus éxitos y ser elegido como atleta del año, sólo 'cumplió' con el título mundial de 10 kilómetros y el doblete en el Mundial de cross. Cara y cruz nacional La selección española superó con nota los Europeos indoor que acogió Madrid en el mes de marzo. Un total de doce medallas, aunque sólo una de ellas pudiera ser de oro, la de Joan Lino Martínez en longitud y que ya había sido un año antes bronce en los Juegos de Atenas. David Canal, en 400, Antonio Reina, en 800, Juan Carlos Higuero, en el 1.500, Felipe Vivancos, en 60 metros vallas, Mayte Martínez, en 800 y Ruth Beitia en altura sumaron las preseas de plata mientras que los bronces correspondieron a Juan de Dios Jurado, en 800, Reyes Estevez en 1.500 y 3.000, Manuel Martínez, en peso y Carlota Castrejana en el triple,. Sin embargo, la cita mundialista se convirtió en un muro infraqueable para los atletas españoles, pese a que se inició de una manera muy grata, con dos medallas en la marcha de la mano de Paquillo Fernández y Juan Manuel Molina. Pero con el paso de los días hasta los más fiables provocaron decepción. Castrejana y Alozie no cumplieron las expectativas y hasta el tradicional 1.500, donde había emergido con fuerza el nombre de Arturo Casado, dejó en evidencia al atletismo nacional en uno de sus fuertes. Yelena Isinbayeva completó en Helsinki su triple corona al unir a la mundial, la europea y la olímpica que ya poseía. La de Volgogrado redondeó su victoria como viene siendo habitual con un nuevo récord mundial, elevando el listón hasta los 5,01 metros, tres semanas después de haberse convertido en Londres en la primera mujer en superar los cinco metros. La final femenina de pértiga se retrasó tres días por culpa de la lluvia. Este aplazamiento fue providencial porque el tiempo, penoso desde el inicio de la competición, se alió con Isinbayeba y esta demostró su categoría con otra prodigiosa exhibición para delirio de ella misma y de todo el público que abarrotaba el estadio Olímpico de Helsinki.