Clubes y lucha de base
MUCHAS SON las urgencias de esta lucha leonesa abandonada de la mano de Dios. Y de los hombres (leoneses). Infraestructuras, estructuración general y a todos los niveles, auditoria externa, imagen y puestas en escena, dotación de servicios complementarios y ornamentales en corros (antifuncionales, desnudos y cutres en la actualidad), actualización del Reglamento (pasividades, desempates...), Colegio de Árbitros y colegiados «en serio», semiligeros, prevención y cobertura integral de lesiones, alternativas al cinto lesionador, analítica y seguimiento lucha canaria, Federación de Lucha Leonesa (supraterritorial y suprautonómica, «Ley del Deporte» mediante), veladas televisadas en directo y etcétera. Múltiples asignaturas pendientes y urgentes todas ellas, pero nada tan inaceptable, perentorio e inmediato como el abordar en profundidad la casuística y problemática de los clubs y la lucha de base. Representan el soporte imprescindible sobre el que se ha de asentar el único futuro posible. Cimentar: cantos-canteras. De aquellos polvos de la falta de «echar cimientos», vienen estos lodos de la falta escandalosa de luchadores juveniles y senior. Con las bases, la lucha de base individualizada o en equipo y que solo puede surgir y generarse desde las escuelas /colegios/institutos y a través de clubes, no caben demoras que bastante tiempo se lleva perdido. No hay otra vía. Clubes. Para empezar, ineludiblemente con acento comarcal: a efectos nominales y de demarcación territorial. Consecuentemente, establecer y fijar y mantener las raíces o residenciales de sus integrantes; regulando la incorporación de «figuras para ganar ligas». En el plano conceptual, convivencia máxima entre mayores y pequeños (no sólo a nivel de entrenamientos), formación integral -de la persona- particularmente con los chavales, «sentido de equipo» (con lo que conlleva de sentirse acogidos e integrados), actividades extraluchísticas comunes, convivencias, conferencias/charlas/debates... Desbordando optimismo, compañerismo, buen ambiente -«buen rollo»- ilusión sana camaradería y un etcétera muy denso en esta misma línea. Total que, desde esa perspectiva, lo de menos sería ganar; o en todo caso, lo secundario. Cuando ahora, y salvo contadas excepciones, parece lo único importante y lo único que cuenta de los mal llamados equipos comarcales. Lucha de Base. Como premisa anteponer a la búsqueda de futuros campeones, el disfrute de luchar. Inculcar el placer por participar el deporte de la lucha leonesa. Con tal planteamiento por delante, con la aceptación del mismo, ya se tiene muchísimo camino recorrido. Tras ello llegaría la proliferación de practicantes, consecuentemente de fichas, de competiciones y de calidad luchadores: lo que tantísimo se echa en falta. Pero para transmitir tales mensajes se precisan, como más inmediata necesidad, monitores en esa sintonía. Que, cualificación probada aparte, manejen la filosofía común de 1.º divertirse/entretenerse/llenar gratificantemente su ocio con un deporte que les llene y en todos los órdenes les estimule; 2.º competir y en 3.º lugar... intentar ganar deportivamente. Porque la operativa funcional en sí, la domina cualquiera. Y es que no hay otra, al no existir ya la «generación espontánea» de la era y el soto: emplearse a fondo en los centros docentes, actividades luchísticas extraescolares, multiplicar las escuelas de lucha, competiciones continuas tanto en invierno como en verano (dentro del curso académico y fuera de él), transporte colectivo gratuito (felizmente abordado este verano), estímulos y señuelos (viajes, becas...) sin olvidar el notable estímulo para los chavales de su difusión mediática: se «vende» la saludable imagen de lo realizado y de paso los críos ven reflejados sus nombres -y sus gestas- en prensa y demás. Ilusionar y crear el mejor ambiente deportivo. Y reiterar la incorporación ya en serio de la lucha femenina, sobre lo que no vamos a extendernos cuando tanto llevamos incidiendo. En resumen, la lucha de base es la base: así de facilón (con «f» y no con «v») y perdón por la perogrullada, pero es que... la lucha de base es... la base.