Rienda falló en el día clave
El mal tiempo llevó a la granadina a ser decimotercera en un gigante que ganó Mancuso

Rienda, el Príncipe, Carolina Ruiz y doña Letizia, tras la prueba
En su gran día, en el momento más importante de su dilatada carrera y cuando toda España soñaba incluso con la medalla de oro, María José Rienda decepcionó, no dio la talla esperada y sólo pudo terminar este viernes decimotercera en el gigante de los Juegos Olímpicos de Turín que ganó, contra todo pronóstico, la estadounidense Julia Mancuso. La también granadina Carolina Ruiz, de origen chileno, sí estuvo dentro de lo esperado y acabó vigésima. Con 30 años, una edad más que considerable para el esquí, la granadina estaba ante la gran oportunidad de cerrar su palmarés con lo máximo, un metal olímpico. Le avalaban su excelente estado de forma y el ranking, ya que ocupa el segundo puesto en la Copa del Mundo de la especialidad y había ganado tres de los siete gigantes disputados esta temporada, entre ellos los dos últimos en Ofterswangh. Su flojísima primera manga, en la que acabó decimoséptima a más de un segundo de las mejores, fue un hándicap imposible de recuperar por más que saliese a tope, con el cuchillo entre los dientes y dispuesta al todo o nada, en la segunda bajada. Remontó cuatro puestos, en realidad más gracias a las salidas de pista de muchas de sus rivales que a su crono, pero acabó muy lejos de la cabeza, a casi tres segundos. Ansiedad, nervios, presión, saber que había despertado tanta expectación que hasta los Príncipes de Asturias viajaron a la estación piamontesa para festejar su éxito, niebla, nieve copiosa durante ambas bajadas... Causas del varapalo se pueden encontrar muchas, pero el caso es que Rienda erró cuando menos debía y por eso terminó llorando una amarga derrota. María José, quien se levantó en torno a las seis de la mañana para adecuar su cuerpo a la carrera (desayuno a base de cereales y footing y un fuerte calentamiento), nunca se encontró cómoda en una jornada marcada por el pésimo tiempo, con niebla, nieve incesante y bastante frío, 11 grados bajo cero en la cota alta del recorrido y -7 en la parte baja cuando, a las 9,30 horas, la granadina fue la primera en salir. Abre pista Le correspondió abrir el gigante por sorteo. Ser la primera tiene las desventajas de no contar con la referencia de ninguna rival y de encontrarse un trazado sin definir claramente. Tampoco se debe ocultar que, en cambio, permite deslizarse por un pista recién acondicionada, todavía sin estropear y sin presentar esa mezcla de hielo y nieve recién caída que tanto dificultan los giros. «En la primera parte de la manga inicial estuvo dentro de la carrera, pero en la segunda no consiguió cambiar la marcha. No halló el ritmo», reconocía su técnico, el suizo Mauro Pini. La pista se había acortado por las malas condiciones y la cota de salida se bajó hasta los 2.300 metros, donde al menos la visibilidad era mínima. «Salí bien, muy motivada, pero perdí tiempo en la parte final. Ahí no me encontré bien. Son cosas que pasan, pero saldré a darlo todo en la segunda manga», avanzaba la española tras firmar su peor registro de la temporada. Su decimoséptima plaza, a 1.39 de Mancuso. Sólo un milagro le permitiría poder luchar aún por el podio, por más que el segundo trazado fuera más exigente y más técnico. Salió del portillón enrabietada. Comenzó bien pero pronto anduvo cerca de perder el equilibrio. Recuperó la figura y acabó decimotercera.