| Reportaje | Las tripulaciones de los veleros |
Una mezcla de músculo y cerebro
En los barcos viajan desde deportistas fibrosos hasta robustos lobos de mar

Las tripulaciones de un barco profesional se asemejan a una especie de Arca de Noé
Entre los diecisiete tripulantes de los veleros clase América que estos días compiten en Valencia, llama la atención las diferencias físicas que existen dentro de los miembros de cada equipo, aunque en todos ellos se pueden encontrar desde deportistas fibrosos y ágiles hasta los más robustos «lobos de mar». De hecho, esa extraña mezcla entre mediofondistas y pesos pesados es una de las singulares características de esta competición, y uno de los motivos que la convierten en una de las más técnicas y sofisticadas del mundo. En cada movimiento, desde la salida hasta la última ceñida, se precisa la integración perfecta de todos los miembros del equipo, grandes masas de músculo pero también cerebros ágiles para interpretar con exactitud las condiciones meteorológicas. Lógicamente, con misiones diferentes dentro del barco, el trabajo diario, el entrenamiento, también varía notablemente para cada miembro de la tripulación, aunque nadie se libra de pasar, al menos, dos horas diarias en el gimnasio ni de controlar escrupulosamente su peso. Si un tripulante engorda, algún compañero deberá perder peso, ya que absolutamente todo lo que embarca está medido y pesado. Así, es el llamado equipo de proa la parte del equipo que más en forma ha de estar en cada prueba, pues son los «saltimbanquis» de a bordo. Obligatoriamente han de ser personas decididas, ágiles y con mucho equilibrio, pues se mueven a lo largo del casco e incluso sobre los mástiles constantemente. «Su preparación física es fundamentalmente aeróbica», según explicó a Efe Joan Vila, integrante del Alinghi suizo, «aunque han de ser capaces de levantar su propio peso porque usan únicamente su fuerza para izarlo, por lo que también dedican buena parte de los entrenamientos a las pesas». En otro grupo diferente se encuentra el entrenamiento de los pianos, palos y 'grinders', los encargados de mover los molinillos y en definitiva «los motores» del clase América. Su trabajo tiene una extraordinaria carga física, con momentos puntuales de gran esfuerzo en las izadas, viradas y trasluchadas, seguidos de periodos de inactividad. En la reciente competición de Valencia se ha podido comprobar que la velocidad a la hora de izar y recoger las velas, así como la precisión en dicha maniobra, puede ser decisiva para que el barco mantenga la velocidad o por el contrario, pierda presión de aire y se quede prácticamente parado. Los 'trimmers', burdas, carro, caña, navegante y táctico se puede decir que son los integrantes de la tripulación que menor exigencia física tienen, aunque en cambio han de ser los mejor preparados técnicamente. Su trabajo consiste ni más ni menos que en dirigir el barco, analizar cada registro informático y elaborar una estrategia, son los encargados de tomar las decisiones más importantes, y muchas de ellas se resuelven sobre la marcha en apenas unos segundos. «Tenemos una dieta normal, no demasiado estricta porque somos profesionales y nos conocemos bien a nosotros mismos. Aunque hemos que estar en nuestro peso, todos tenemos un límite y nos controlamos semanalmente. El peso del barco está muy controlado, un exceso podría suponer una penalización ya que podría darnos ventaja, así que no nos podemos pasar de 150 kilos en material», comentó Vila.Especialmente radical es el caso de Virgilio Torrecilla, 'grinder' del Desafío Español, que tuvo que ganar peso para poder competir, así como espectaculares las masas musculares de sus compañeros Mauro Maiola, Jorge Ondo, Francesco Rapetti (Alinghi) o Andreas Lundgren (Mascalzone), que se ha ganado el apodo de «sueco» (por su nacionalidad y por recordar a uno de los personajes de la película 'El Sargento de Hierro').