Una cita que ya cuenta con 19 años de historia en sus sólidas espaldas

Partidas simultáneas en el patio del Palacio de los Guzmanes
Diecinueve años son muchos y sin embargo parece que fue ayer cuando los tictacs de los relojes, los nervios, las sonrisas esquivas y los apretones de manos eran lo único que rompía el silencio en la sala donde los mejores jugadores del mundo dibujaban maravillosas simetrías moviendo sus peones hacia las nubes. Tardes en las que lo único que importa es que cada vez que una pieza recorre el tablero se da jaque mate a la mentira. Veinte años que ya son historia, en los que se me acumulan los recuerdos de tardes veraniegas en la penumbra de aquella sala enmoquetada por la que los maestros caminaban hacia el tablero donde el rival le esperaba. Murmullos y monótonos tic-tac, casi imperceptibles, de los BHB tratando de atrapar la atención del jugador para fijarlo con su cadencia en el telar de su lanzadera. Apretones de mano y muralistas despistados que buscan la mirada de Joaquín, espejo de árbitros, para que les indique la serie de jugadas que la vista no pudo capturar. Parece que fue ayer y sin embargo qué lejos queda.