Brasil rescata la teoría de la conspiración del fútbol europeo contra ellos
Nada más concluir la Copa del Mundo de 2002, el coordinador de la selección brasleña, el sempiterno Mario Zagallo, denunció la intención de la FIFA de entorpecer el camino de los pentacampeones mundiales hacia su sexto título universal. Como argumento para semejante aseveración utilizó la obligación, por primera vez en la historia del torneo, de que Brasil, como vencedor de la Copa del Mundo, debiera disputar las eliminatorias para acceder a la presente edición de la competición. Con esta tesis nació la teoría de la conspiración del fútbol más poderoso del planeta, es decir, el europeo, para que la 'canarinha' no fuera capaz de repetir el hito histórico de conseguir un título mundial fuera de su continente. De hecho, los brasileños lo hicieron en Europa (Suecia) en 1958 y en Asia (Japón y Corea del Sur) en 2002, lo que es casi intolerable para los no pocos antagonistas de Brasil. El seleccionador, Carlos Alberto Parreira, alimentó el debate y las sospechas de sus compatriotas cuando, en una de sus últimas ruedas de prensa, recordó que era posible que las selecciones del Viejo Continente no soportaran una nueva humillación de tal calibre, por lo que rogaba a sus jugadores que estuvieran alerta.