Diario de León

MUY CERCA DEL TORALÍN

Ponferraditis Los rostros del ascenso

L. DE LA MATA/RAMIRO

L. DE LA MATA/RAMIRO

Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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VAYA POR delante que no entiendo nada de fútbol, ni falta que hace. Me exaspera. No me da para más. Mi aproximación a este deporte queda limitada a una colección de cromos en la época de López Ufarte, Arconada, Amancio, Cruyff o el cañero de Goikoetxea. Y también a la bronca por la rotura de un cristal con el balón en aquellos recreos del colegio de mi pueblo. Hasta hace poco creía que lo del 4-4-2 eran las plazas del último monovolumen. Con todo, pese a ser un sacrílego futbolero, confieso que cada vez que el balón calienta el ambiente, claudico como el que más. Como ayer con la Deportiva. Estoy metido en el fregado. Cabreado, alegre y expectante. Con sentimiento raro. Tengo un amigo, -de esos treintañeros-, que no se van de casa de mamá ni con agua hirviendo. A la pobre mujer le tiene quemada la lavadora. Anda el patio esquizofrénico con tanta emoción fuerte y no da abasto a limpiar camisetas de colores. Es del Barça. Así que, hace unas semanas, tocó indumentaria culé. Incluso pensé que fue víctima de una fuerza diabólica, porque el hombre, desde su balcón, exhibía desencajado a los de la calle una bufanda con 30 grados a la sombra. Y no contento, hacía berrear un spray-bocina. Luego vino lo inesperado de las cuatro estocadas a Ucrania. Y otra vez a funcionar la lavadora. Su mamá se lo tenía ya todo planchadito. Y en esas estábamos cuando al niño le da otro síncope y le diagnostican ponferraditis. Está el hombre que no se centra con tanta emoción. Ni en el trabajo, ni con su novia, ni con nadie. Está ido. Confunde el mus con la brisca. Sus ojos le hacen chiribitas, porque ahora toca lo blanquiazul. En Ponferrada ya hay quien piensa pedirle al alcalde que coloque un ascensor panorámico más grande que el que inauguró hace años, para hacer más cómodo el viaje de la parte baja a la alta de la ciudad. Ven en él subir a la Deportiva a Segunda. También hay maquiavelos con gafas que se adelantan y le colocan el ascensor de bajada. ¡Veremos!. Trabajo y fe. En una de esas sesudas tertulias sobre los colores futboleros escuché que si el próximo domingo se remata el trabajo en Alicante, lo de la Uefa o la Champions «ligue» viene rodado. Fuera coñas: Ponferrada, como el resto del Bierzo, contiene el aliento. Y yo (el que no sabe de fútbol), también. Todos a la espera de la batalla final. Nunca estuvo tan cerca la gloria. La ciudad necesita tardes de domingo para olvidarse de la hipoteca y de las calamidades cotidianas. El fútbol, aunque no lo entienda muy bien, es mucho más que empujar un balón. Da que pensar ver a un país paralizado por él. Asi que, mi máximo respeto. ¡¡Aupa Deportiva!! La de ayer fue una tarde intensa de fútbol. El estadio El Toralín registró un lleno histórico porque la ciudad está volcada con su equipo. Cada uno, desde su rincón en la grada lo vivió a su manera. Hubo mucho entusiasmo, mucho apoyo hacia el equipo porque nunca había estado tan cerca el sueño de subir a la División de Plata del fútbol español. Ayer fue la primera batalla de esta guerra definitiva frente al Alicante. El último minuto fue desalentador pero aún faltan noventa minutos que serán decisivos.

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