GOLF
Golpe de autoridad de Tiger Woods en el Open Británico
Se adjudicó su tercer British, el segundo consecutivo, para sumar once grandes en su historial

PHIL NOBLE
El sueño de una calurosa noche de verano duró poco. Hasta el primer bogey de Sergio García en el hoyo 2; un hoyo perfectamente jugado..., excepto el putt, que fue la cruz que enterró las esperanzas del castellonense y la de los europeos, que, desde que el escocés Lawrie ganara en Carnoustie en 1999, no ha disfrutado de una victoria de ningún jugador del Viejo Continente. «El Tigre» recibió una merecidísima ovación en el green del 18 y casi se le saltaron las lágrimas. No fue hasta que embocó la bola para un sólido par (270 golpes, -18) y ganara por dos golpes de ventaja a su compatriota DiMarco, cuando el número 1 del mundo se vino abajo y lloró y lloró como un niño, primero en brazos de su caddie y después en los brazos de su mujer Elin. «Lo intenté en el Masters con todas mis fuerzas. Sabía que a mi padre no le quedaba mucho de vida y quería que disfrutara de otra victoria mía en un Major; pero no pudo ser. Es difícil de explicar cómo me siento: feliz por haber ganado en un campo tan difícil como éste; pero también me siento triste porque mi padre no está aquí para disfrutar conmigo de otra victoria», dijo muy emocionado Woods. La maldición de Moliére y de las gentes del espectáculo se cernió sobre ese amarillo canario que lució Sergio, y que no le trajo nada de suerte sobre el links de Royal Liverpool que, en contra de las predicciones, mostró su cara más amable, y de ahí los resultados tan escandalosos para un torneo de Grand Slam. Aunque como dijo Tiger, «nadie desea un auténtico links con mucho viento». Ayer fue el gran día para «Tiger» Woods que volvió a reconciliarse con la afición tras un año muy difícil para él, tras la muerte de su padre por una larga enfermedad.