Diario de León

Un Madrid sin ideas sale pitado del Bernabéu en su debut liguero (0-0)

Mucho que mejorar le falta al equipo de Capello si no quiere quedarse otro año en blanco Capello: «No me voy preocupado, era el peor equipo que nos podía tocar»

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Daniel Roldán - madrid
León

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El «nuevo» Real Madrid de Fabio Capello arrancó en la Liga 2006-07 con un fútbol decepcionante, aburrido, con mucho músculo y poca magia, que no le sirvió más que para firmar un empate 0-0 ante el Villarreal, en el Santiago Bernabéu, y sembrar de incertidumbre su futuro inmediato. El equipo blanco empató con el Villarreal en su debut liguero, en el que faltó el buen juego y la pegada; su primer tiro entre los tres palos que defendía Vieira fue en el tiempo de descuento. La actitud de los blancos enfadó a la hinchada, que despidió con pitos a sus futbolistas por el juego demostrado, al más puro estilo del técnico italiano, sin transmitir ningún tipo de alegría al respetable que llenaba las gradas del estadio. El Madrid es un conjunto partido en dos trozos. Unos se dedican a defender; los otros, a atacar. Entre los dos antagonistas no hay nadie que los una. Es una labor destinada a Emerson y Diarra, pero ninguno de los dos está capacitado para ver el pase al hueco o la espalda de los defensas. La pareja que debe conducir el juego son dos tiarrones de puro músculo que ocupan mucha cancha y que no dejan al contrario realizar un cómodo fútbol. La función de primer muro de contención «capellista» la realizan a la perfección. Ante esta ausencia de cerebro en el centro del campo, tenía que ser Raúl el que pusiera un poco de sentido al juego blanco, muy espeso durante el debut liguero. El capitán se metía entre los dos armarios y enseguida veía el pase para Cassano y Van Nistelrooy, dos flechas en el ataque. El italiano ha perdido siete kilos y su velocidad, potencia y alegría se han duplicado. Hasta que Capello lo cambió por Guti, que llevaba sin jugar desde el último partido en tierras austriacas, fue el mejor. La otra opción que le quedaba a Raúl era Beckham, que se acercaba al centro para poder tocar alguna pelota. Las bandas no existen en este nuevo Real Madrid y la presencia de extremos en el once es un mero espejismo. El Real Madrid, con estos mimbres, desecha el balón. No quiere saber nada de él. Lo regaló al Villarreal, que jugaba con ese estilo sudamericano tan lento y calmado que le lleva caracterizando desde que aterrizara en tierras levantinas el técnico chileno Manuel Pellegrini. Riquelme era el maestro de ceremonias. Hasta que él no se movía, su equipo no recibía un impulso de electricidad. Si no funcionaban las combinaciones, el tiro lejano era la solución. Senna lo intentó y Casillas sacó una mano espectacular. El once amarillo estaba contento con el panorama. Tampoco agobiaba en exceso el portal blanco, al igual que los madridistas que sólo tiraron una vez entre los tres palos. El Madrid necesitaba algo que cambiara la situación. Van Nistelrooy no veía puerta y Cassano estaba agotado. Capello lo intentó con Guti, pero el canterano no está con el tono físico necesario. Encontró un balón de oxígeno en el bajón del Villarreal, pero tampoco fue vital. El técnico italiano rebuscó en el banquillo y sacó a Robinho. Pero tampoco funcionó. El Madrid se obceca en jugar por el centro y así, ante una defensa bien colocada, es imposible pasar. Capello tiene todo un mundo que mejorar. Es un buen entrenador, que tiene autoridad y que también tiene un estilo. No engaña a nadie. Ayer no conectó con el Bernabéu. Físicamente su colectivo debe mejorar. Y eso que este año sí hubo pretemporada seria. ¿Qué habría sido si hubieran viajado a China?.

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