Diario de León

La Federación mantiene a Aragonés a pesar del desastre contra Irlanda

El técnico, que ha perdido la confianza en sus jugadores, aún no tiene intención de dimitir Luis: «Yo no tengo por qué irme porque aún quedan diez partidos más»

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Ignacio Tylko - madridefe | madrid
León

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Ni la Federación está dispuesta a mover ficha para destituirle, ni Luis se plantea, de momento, la dimisión. Salvo que el clamor popular y mediático provoquen un cambio drástico de opinión en las próximas horas -lo que no es descartable-, la idea es que el sabio de Hortaleza se siente en el banquillo español en el fundamental partido que la «roja» disputa el 7 de octubre en Suecia. Si está en Solna, en las cercanías de Estocolmo, será con respiración asistida. La sombra de Vicente del Bosque cada día es más alargada. Tras el largo regreso de Belfast, un funeral que se prolongó hasta las seis de la mañana, Luis insistía en Barajas en los argumentos que utilizó tras la debacle de Windsor Park. Asumía que es el máximo culpable, pero nada de arrojar la toalla y renunciar a los dos años de contrato y aproximadamente 100.000 euros que tiene apalabrados de forma verbal, no por escrito. Sin embargo, entendería que la Federación «tomase la decisión que estime oportuna» o, dicho sin ambages, le destituyese. Todavía con fuerzas Decía sentirse con fuerzas para reconducir la situación, pero dejaba abierta la puerta del adiós al matizar que, si tiene que irse, se marchará sin problemas. Tras unas horas de descanso, meditaba tras repasar los periódicos, donde las críticas arreciaban. Titulares que van desde el «fracaso total», al «ridículo espantoso», pasando por términos como «estrellados», «agonía» o «depresión», revelaban la proximidad de un fin de ciclo. Luis lo niega, pero las imágenes y los hechos le delatan. No es el mismo que antes del mundial. El técnico eufórico, motivador, gesticulador, seguro de sí mismo y convencido de que sus jugadores podrían alcanzar al menos las semifinales en Alemania ha pasado a mejor vida. Fuentes muy cercanas al sabio de Hortaleza admiten que, tras la afrenta de Belfast, ya no cree en este grupo de jugadores. Pero no confía en la revolución porque entiende que lo que viene detrás -Albiol, Silva, Navas, Oubiña...- tampoco ofrece ninguna garantía de éxito. Y los jugadores tampoco confían en él técnico porque ya no le ven con fuerza, con ese carácter ganador que antes sí transmitía. Llegó hace dos años con la promesa de cambiar el estilo, formar un equipo y enseñar a competir a la selección, y nada de ello ha conseguido. Ya no hay química entre actores y director. Tras charlar durante un cuarto de hora con el presidente Ángel Villar, que trató de animarle y de convencerle de que todo se arregla con un triunfo el mes que viene en Suecia. El presidente, Ángel Villar, puso cara de asombro cuando se le preguntó antes del despegue sobre el futuro del técnico. «Mantenemos la confianza en él y los jugadores también», dijo.

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