Fórmula 1 | El adiós del «káiser»
Schumacher se despide como el piloto más laureado de la historia
El heptacampeón del mundo llegó con la opción de sumar otro título hasta la última carrera
Michael Schumacher debutó con Jordan en el G.P. de Bélgica de 1991, gracias a que el piloto titular, Bertrand Gachot, había quedado preso en Londres tras una disputa con un taxista. Mercedes pagó para que el alemán, que entonces corría con el equipo germano de GT, tuviera una oportunidad. En la carrera siguiente Briatore arrebató a Michael del equipo Jordan y le hizo un contrato con Benetton, donde estaba el tres veces campeón Nelson Piquet. Michael retiró a Piquet de la F1, y después de dieciséis temporadas, lo deja, empujado por otro talento como Alonso. Pero no se despide en pleno declive, sino que lo ha hecho luchando por el título hasta la última carrera de la temporada y, sobre todo, demostrando ser hasta ahora el más profesional y entregado de toda la parrilla. Denis Chevrier, ingeniero responsable de los motores Renault, le calificó como un guerrero y, sin duda, esa sea una de las mejores definiciones que se han hecho del astro alemán. Comenzó a ganar cuando desapareció Senna, en 1994. Eso impidió ver lo que prometía ser un gran duelo entre la estrella que subía y el piloto consagrado. Después asumió el riesgo de cambiarse de un equipo ganador, Benetton, donde logró dos títulos (1994 y 1995), para pasar a Ferrari, equipo que hacía décadas que no ganaba un título. Consiguió hacer de la escudería italiana una máquina de ganar títulos, con mucho esfuerzo y ayuda de todos. A lo largo de sus 250 grandes premios Schumacher se ha mostrado como un piloto al que sólo le valía la victoria, y en eso Fernando tiene un gran parecido con él. El lema es el mismo: el segundo es el primero de los tontos. Su andadura por la Fórmula 1 revolucionó lo establecido. Se atrevió a plantar cara a Senna, pero no sólo en la pista, sino también fuera de ella, como cuando llegaron a las manos en unos entrenamientos en el circuito de Hockenheim. Schumacher revolucionó la F1. Su carácter ganador le llevó a cometer acciones punibles, como la que en 1994 le dio el título frente a Hill en la última carrera de la temporada, o la que le llevó a ser excluido de la clasificación en 1997, tras querer sacar de la pista a Villeneuve, con quien se jugaba el campeonato en la última prueba. Indiscutible ganador En el actual ambiente de la F1 vales lo que valió tu última carrera. Por eso, no es de extrañar que muchos menosprecien a Michael. Quizás ganó demasiado, aburrió con su superioridad, pero es que durante una década ha sido el mejor y supo hacer equipos ganadores, tanto en Benetton como en Ferrari. A quien le achaca que nunca tuvo un compañero de equipo que le hiciera sombra, la respuesta es muy simple: se ganó a pulso su estatus de primer piloto indiscutible, tanto en Benetton como en Ferrari. Es cierto que también es el más sancionado, pero es algo normal en quien tiene su carácter. Para alcanzar la victoria en la F1 hay que ser un piloto duro, al que no le importe arriesgar al máximo, y Michael era de esos. Estaba siempre al límite en todos los aspectos, y algunas veces fue merecedor de la tarjeta roja. El gran circo seguirá adelante con buena salud ahora que se ha ido el más laureado de todos los tiempos, pero para sus rivales de ahora ganar sin Michael no tendrá el mismo significado, y eso lo ha subrayado Alonso. Schumacher ha sido genial dentro y fuera de la pista. Detrás de una falsa altanería, se esconde un ser humano sensible, que no dudó en hacer el donativo privado más grande para los damnificados del tsunami asiático, casi 6 millones de euros. Paralelismos con Alonso La llegada de un piloto como Alonso ha tenido también su influencia a la hora de decir adiós. Michael retiró a Piquet, y ahora, quizás sin llegar a tanto, Alonso es su sucesor y el único que ha podido batirle, especialmente esta temporada, con coches parecidos. Cuando Alonso acabó la carrera de Malasia en 2001 con su Minardi, casi se paró para saludar a Michael de coche a coche, después de la victoria del alemán. En los últimos años Fernando ya no se detenía para saludarle. En todo caso levantaba la mano para darle las gracias después de haberle doblado, como en Hungría 2003, donde el asturiano sacó una vuelta al káiser por primera vez. La llegada de Alonso a la cima, con el mismo desparpajo y las mismas virtudes que hicieron del alemán un genio, le ha hecho recapacitar. Si Schumacher echa la vista atrás en su carrera deportiva, se verá reflejado en Alonso en muchas facetas, y ya se sabe que no hay cuña peor que la de la misma madera. Schumacher supo cerrar en torno a él un grupo y un equipo humano especial. Alonso lleva camino de conseguirlo también.