Calor y abundancia de perdices en la segunda semana de caza
Los aficionados se han tenido que emplear a fondo para perseguir «a rabo» a las patirrojas

Finalizada la mano la cuadrilla vuelve a reunirse para reanudar poco después la cacería
La temporada de caza menor que se inició el día 22 de octubre ha dado un giro espectacular con el cambio climatológico que pasó de la lluvia y el viento al calor impropio del otoño el pasado domingo, si bien a lo largo de la semana la situación ha refrescado. La temporada, por otra parte, se ha abierto plenamente, pues ya se ha cazado en los cotos que habían retrasado la apertura. Con el cielo totalmente despejado, ausencia de viento y el termómetro subiendo a medida que avanzaba la mañana, los aficionados se han tenido que emplear a fondo para perseguir «a rabo» a las patirrojas. «No había sudado tanto ni en agosto con la codorniz» comenta un aficionado de Villeza de las Matas. «Hemos visto buenos bandos de perdiz, pero no hemos estado finos». Al final siete perdices y tres liebres para repartir en la cuadrilla. En la zona de Valderas también se ha visto perdiz. «Bastante mas que el pasado año pero no para tirar cohetes» comenta un aficionado que porta dos perdices en la percha. En la mayoría de acotados hay establecido un cupo de tres o dos piezas, pero no en todos. De esta forma en algunos lugares, como Cimanes del Tejar, un solo cazador ha llegado a colgar siete perdices. El grado de satisfacción, en general, era bueno. En círculos federativos la temporada se ve con un moderado optimismo. El hecho de que el tiempo sea caluroso tiene su importancia a la hora de cazar «a rabo». La perdiz, tras varios vuelos, intenta ocultarse en la maleza o entre los terrones, llegando incluso a levantarse a postura de perro. Otras, sin embargo, demuestran una enorme resistencia y hay pocos cazadores con piernas para atajarlas. La práctica de los ojeos puede decirse que, afortunadamente, va desapareciendo e los cotos de León en los que incluso llega a limitarse el número de cazadores que pueden ir en mano, poniendo un límite de tres escopetas. En la Tierra de Campos la mano ideal es de cinco o seis escopetas. Una mano bien dirigida, conociendo el terreno y con dos alas que tengan «piernas», siempre da buenos resultados ya que las perdices son muy territoriales y se vuelven cuando se las saca de su querencia natural. La montaña es otra historia Pocas especies se adaptan a un habitat tan variado como la perdiz roja. Consustancial y perfectamente adaptada y mimetizada con la Tierra de Campos, donde alcanza las mayores densidades, esta gallinácea se encuentra distribuida por toda la Península Ibérica hasta los dos mil metros de altitud. Incluso en las proximidades del puerto de S. Isidro en plena reserva se encuentran bandos de «rubias» nombre con el que se las distingue de las «pardas» la especie típicamente montañesa. Las comarcas de Ancares y Cabrera siempre han sido muy perdiceras, pese a que el abandono de las tierras de labor, que han pasado a ser ocupadas por el monte bajo, ha tenido efectos muy negativos. Cazar la perdiz en estas zonas es un placer extraordinario para el cazador deportista. Al esfuerzo que supone perseguirlas por las empinadas laderas se une la necesidad de contar con un buen perro y buena puntería. A diferencia de disparar en el llano, donde es preciso adelantar el tiro cuando viene cruzada, en la montaña suelen descolgarse por la ladera y hay que alcanzarlas entre las matas. Luego está la dificultad de encontrarla, especialmente si cae «de ala». Tampoco suelen ser frecuentes los días soleados como el del pasado domingo, por lo que puede decirse que el disfrute ha sido pleno. En la jornada de apertura el tiempo impidió cazar en la montaña, pero el pasado domingo se cazó bien y se vieron bandos bien nutridos tanto en La Cabrera como en las faldas del Morredero en la comarca berciana. La liebre, segunda pieza cinegética en la caza menor, se está cazando con dificultad. «Pensaba que habría mas liebre, aunque la verdad es que no la busco expresamente», comenta un aficionado de Valdevimbre. En cuanto al resto de piezas cinegéticas parece que hay una cierta recuperación del conejo de monte, algunos bandos bien nutridos de palomas y pocas aves acuáticas. A lo largo de la semana el cambio de tiempo se ha vuelto a notar hasta el punto de que en algunos acotados no se ha podido cazar por causa de la niebla el día 1 de noviembre. Habrá que esperar a la llegada del frío para que entren las procedentes del norte, siempre con el fantasma de la gripe aviar.