Diario de León

Las desgracias de El Toralín

Suspensiones por culpa de la niebla, aplazamientos por inundación, heladas en el fondo sur y hasta un episodio de muerte súbita ilustran el mal fario de un campo con seis años de vida E

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Ramón Díez - ponferrada
Ponferrada

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La tragedia sacudió el pasado sábado a todos los que contemplaban el partido de Segunda División entre la Deportiva y el Tenerife en El Toralín. La muerte del padre del central tinerfeñista Manuel Castiñeiras es el incidente más grave acaecido en el municipal ponferradino, pero no es el único. A primeros de septiembre del año 2000 fue inaugurada la instalación con un partido amistoso entre la Deportiva y el Celta de Vigo que entrenaba Víctor Fernández. Fue una jornada festiva que iba a dar paso a la leyenda negra que parece perseguir a un estadio maldito, salpicado por vicisitudes increíbles para una instalación con tan solo seis años de vida. Pocos días después de aquella pomposa inauguración, el cuadro berciano disputaba en ese mismo escenario su primer partido oficial contra el Universidad de Oviedo. Ganaban los locales gracias a un tanto de Panadero cuando el cielo se abrió literalmente sobre Ponferrada, descargando 22 litros de agua por metro cuadrado en sólo un cuarto de hora. El público no daba crédito cuando vio que toda la zona de tribuna comenzaba a inundarse sin que los sumideros dieran abasto para evacuar aquella mezcla de agua y lodo que ingresaba por las rampas laterales del estadio. Al no estar urbanizado el exterior de la instalación, la cota inferior del terreno de juego provocó la inundación que obligó a la suspensión del encuentro. Tres años después se iba a jugar allí el último partido de la primera vuelta contra el Langreo. Era el mes de enero y las heladas hacían estragos en la comarca. La situación del campo hace imposible que los rayos del sol penetren en el sector sur del terreno de juego porque lo impide la cercana cubierta de ese fondo. Fue así como el colegiado estimó que había riesgo físico para los jugadores si se disputaba el partido y aplazó la contienda. En la siguiente temporada también se vivieron dos suspensiones por causa de la niebla. Fue contra el Alavés B y la Gimnástica de Torrelavega. La Deportiva saldó con éxito ambos compromisos en las respectivas reanudaciones. Pero antes de ello, El Toralín había vivido un episodio más trágico. El colegiado vigués David Pérez Alleres dirigía el choque entre la Deportiva y el Sestao el día 19 de septiembre del 2004. En un momento del juego se desplomó sobre la hierba y fue atendido por los jugadores de ambos equipos, viendo que el asunto era grave. La rápida actuación de los servicios médicos le salvó la vida después de haber sufrido un episodio de «muerte súbita». El colegiado puede contarlo aunque sus facultades mentales quedaron mermadas desde entonces. Hace una vida relativamente normal pero ni él ni todos los que estaban en el estadio, podrán olvidar jamás los duros momentos que se vivieron aquella tarde de septiembre. Por cierto que el partido entre la Ponferradina y el Sestao continuó disputándose con relativa normalidad, ya que uno de los asistentes del colegiado le sustituyó, en una decisión muy controvertida, ya que en aquellos momentos se desconocía la suerte que correría Pérez Alleres. Un colegiado local fue llamado a Dehesas para reemplazar al árbitro asistente en la banda.

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