Una Cultural sin actitud se carga a su entrenador (2-0)
El desastre del equipo leonés frente a la Universidad provocará el cese de Gómez Domingo Cueto: «El tiempo de Antonio Gómez ha terminado»

La Cultural tocó fondo ante la Universidad de Oviedo. Un equipo roto y muerto que no creó ni una sola situación de peligro durante todo el partido frente a un conjunto, el ovetense, metido de lleno en puestos de descenso. La falta de actitud de los culturalistas provocó la ira de los aficionados leoneses desplazados hasta las instalaciones universitarias de San Gregorio, que abroncaron a su equipo en los últimos compases del encuentro, con gritos de desaprobación dirigidos hacia los jugadores, el entrenador y los consejeros de la sociedad anónima deportiva. El comportamiento del bloque culturalista sobre el césped se llevará por delante a su entrenador en cuestión de horas. La actitud del equipo acabó con el crédito de Antonio Gómez. La Cultural fue un cadáver andante sobre el campo de San Gregorio. Nunca encontró el sitio frente a un modesto Universidad de Oviedo, que en varias fases del encuentro jugueteó con un club que cuenta con más de ochenta años de historia. Ni un amago de voluntad, espíritu y sacrificio para maquillar otras deficiencias técnicas hicieron de la Cultural una caricatura de equipo. El orgullo pareció olvidado y el escudo también. Nadie se salvó del desastre, salvo dos excepciones, Goikoetxea y Addison, que evitaron un descalabro aún mayor. Un conjunto repleto de universitarios y una grada favorable a los intereses culturalistas (los únicos que animaron fueron Magín y compañía) presagiaba una mañana propicia para que el cuadro de Gómez se acercara a los puestos de arriba de la clasificación. Nada más lejos de la realidad. El berciano Tomás y su hermano Aitor se bastaron para convertir a la Cultural en un equipo a la deriva. Nadie quiso coger el timón para enderezar el rumbo, tras producirse la primera marejada, justo cuando Jaime metió el agua en la puerta de Aulestia. La Cultural no reaccionó. Se apagó todavía más. Ni siquiera peleó para buscar con gallardía la orilla. Con casi hora y media por delante para morir con las botas puestas, ni lo intentó. Sólo chispazos de raza de dos futbolistas que se niegan por sistema a caer en la mediocridad, porque llevan vitola de ganadores en un equipo que ha aprendido a perder con asiduidad. La presencia de Aller sobre el campo en la segunda parte puso al menos empeño en el equipo. El futbolista leonés no mejoró el marcador, pero sí la capacidad de lucha en un bloque que careció de vitalidad sobre el césped de San Gregorio. El conjunto leonés, por momentos sin pulso, recobró el pálpito con Aller, aunque sólo para agonizar con el segundo mazazo local, obra de Roberto. Los últimos veinte minutos sirvieron para ver a un cadáver andante.