Fútbol | El ambiente
Sólo aquí se celebra un descenso
La afición blanquiazul demostró ayer su cariño hacia una entidad que no debe permanecer durante mucho tiempo en S egunda B si se mantiene el sentimiento evidenciado en El Toralín

La plantilla agradeció el apoyo de la hinchada con regalos
La gran diferencia entre la afición de la Sociedad Deportiva Ponferradina y la de la inmensa mayoría de los clubes de fútbol radica en que sólo en El Toralín son capaces de despedir una temporada culminada con el descenso de categoría, dispensando una gran fiesta desde la grada. Ya antes del inicio se intentó componer el gran mosaico con la palabra «volveremos». El resultado no fue todo lo satisfactorio que cabía esperar porque resultaba difícil apreciar el texto. Pero no importaba. El público gritó con fuerza el clásico «volveremos, volveremos,...volveremos otra vez...». Era sólo el preludio de una fiesta que incluyó el cántico, más espectacular que nunca del «A Ponferrada me voy» que ponía el vello de punta. Después se coreó el nombre de varios jugadores del equipo, se pidió al presidente que no se vaya: «Silvano te queremos, Silvano quédate». También se reivindicó: «Queremos un berciano en El Toralín», seguido de cánticos en favor de Toñín, que ayer no estaba convocado. Como no podía ser de otra manera y quizá pensando ya en lo que viene, no faltaron los clásicos cánticos contra León y contra la Cultural, como calentando ya los derbis que se avecinan. También se escuchó: «El año que viene, nos vamos a León». De lo poco bueno que se le puede encontrar al descenso, será recuperar esa eterna rivalidad del fútbol provincial con los blancos. Y claro, como los goles caían en la portería contraria también apareció la ola a lo largo de todo el graderío. Para redondear la fiesta, los jugadores portaron una gran pancarta agradeciendo el apoyo del público. Al final hubo invasión de campo por parte de unos cientos de aficionados que quisieron abrazarse con los futbolistas, a la vez que les solicitaban las camisetas como recuerdo imborrable del paso de este club por la Liga de Fútbol Profesional. Al principio los jugadores se fueron con sus elásticas al vestuario, pero poco después retornaron al terreno de juego para repartir las zamarras entre el numeroso público convocado sobre el césped, lo cual provocó algún que otro altercado en la lucha por tan codiciado tesoro. Antes de que los miembros de la plantilla retornaran con los aficionados, éstos se agolparon a la entrada de los vestuarios y sus cánticos se dirigieron hacia un Silvano emocionado que les miraba desde arriba con las lágrimas a punto de aflorar: «Silvano te queremos, Silvano quédate». Pero el presidente, a pesar de que estuvo a punto de llorar, no da su brazo a torcer: «Se lo agradezco muchísimo pero el club no queda vacío y seguro que los que vienen van a trabajar muchísimo y además voy a luchar por estar siempre al lado de la Ponferradina».