Reyes corona al Real Madrid (3-1)
El equipo blanco volvió a recurrir a la heroica para vencer la resistencia del Mallorca y coronarse campeón de Liga después de cuatro años de sequía, con un Capello que ha completado el milagro tras ver pañoladas en el Bernabéu

Capello fue manteado por los jugadores en el campo
Se consumó el milagro. El Real Madrid estaba desahuciado hace tres meses, cuando llegó al Camp Nou a cinco puntos del Barça y seis del Sevilla, pero su espectacular trayectoria desde entonces ha hecho realidad un sueño que parecía irrealizable. Y lo ha conseguido con Fabio Capello, que parecía sentenciado desde la primera gran bronca del Bernabéu al palco y al banquillo, tras la humillante derrota ante el Levante. Pese a sus numerosos errores y su propuesta de fútbol insufrible, el italiano ha llevado a su equipo hasta el título en una Liga loca y extraña, entregada por el Barça, y en la que ha resultado trascendental, aparte de la resurrección de algunos jugadores, el radical cambio de mentalidad, la casta, la fe y la suerte de los blancos. El Madrid era un grupo triste que practicaba un juego pésimo, salpicado de pobres resultados. Cuando lo vio todo perdido, recuperó el espíritu y el orgullo en ese clásico que supuso el punto de inflexión, ya que a partir de ahí entró en una racha ganadora que no se ha detenido hasta la conquista del título. Las épicas remontadas frente al Sevilla, el Espanyol, el Recreativo y el Mallorca, jalonadas por increíbles goles salvadores de última hora, y el minuto de infarto de La Romareda, con el empate de Van Nistelrooy y la ayuda de Tamudo, acabaron con lo que se consideraba una utopía. En una temporada convulsa que estuvo cerca de arrastrar también en su vorágine autodestructiva a la presidencia, el Madrid ha vivido siempre en el alambre pero ha salido triunfante gracias a su calidad, su fortaleza física y psicológica y, también, a la llamada «flor de Capello». El Madrid se coronó campeón al vencer al Mallorca en otro ejercicio de fe, acorde con el guión de esta Liga loca, intensa, con un final no apto para cardiacos que puso de moda los desfibriladores. Con Van Nistelrooy lesionado, Beckham ya en el banquillo, los baleares 0-1 y el Bernabéu en silencio, todo el protagonismo recayó esta vez en Reyes. El utrerano había perdido la confianza de Capello porque no respondía a las oportunidades, pero apareció en el día D y la hora H para permitir que su equipo se agarrase a la Liga tras cuatro años de travesía en el desierto. Reyes entró por Beckham a 25 minutos del final y cambió un partido que hasta entonces gobernaba un Mallorca que fue de más a menos y en el tramo final se vio impotente para frenar el ímpetu del campeón. No se sabe si le valdrá para no tener que regresar a la fría Londres, pero la actuación del hispalense bien vale una Liga. De toque sutil, firmó el empate cuando el Madrid no sabía como hincarle el diente al rival y permitió que el decorado cambiase por completo. El Bernabéu se volvió loco, el Madrid se desató y el Mallorca, hasta entonces tranquilo, se arrugó. Faltaban 23 minutos pero casi nadie dudaba ya de que los blancos firmarían otra remontada, igual que ante el Sevilla, el Espanyol y el Recreativo, y se alzarían con su trigésimo campeonato. En el minuto 80, Reyes ejecutó con precisión un córner y Diarra demostró que por algo el Madrid hizo lo imposible para traerle de Malí. Saltó como un resorte, cabeceó y marcó con suspense, tal y como corresponde a esta Liga. Moyà hizo un paradón y el balón quizá salía fuera o se iba al poste cuando golpeó a Basinas y se fue dentro. En pleno delirio, Reyes cerró su noche mágica con un gran disparo que evitó el sufrimiento final. Con mal fútbol, con mucho orgullo y con argumentos más propios de la ciencia ficción que del deporte rey, el Madrid cumplió son su obligación. Capello, como ocurrió cuando ganó su primera Liga, era manteado. Con el entrenador resultadista y amante del catenaccio que hace una década también convirtió al Madrid en campeón en su única temporada en el banquillo, el equipo blanco ha sido el peor de la historia en su estadio, donde ha cedido 17 puntos, pero también ha igualado su récord a domicilio, con 11 victorias en 19 partidos.