España se cuelga una plata que sabe a oro ante la poderosa
Las «leonesas» Pascua y Lima se quedaron a las puertas de un título que estuvo a siete puntos Valdemoro, MVP entre lágrimas
Rusia y España acabaron repartiéndose las medallas del Europeo femenino igual que en el masculino, con el oro para el equipo ruso y la plata para el español, que llevó a cabo una titánica remontada hasta dejar una diferencia de veinte puntos en cuatro pero tuvo que rendirse ante un rival de mayor dimensión que debe sentir celos del coraje de las subcampeonas. España salió a la segunda final de su historia después de ganar el oro ante Francia en Peruggia 93, también en Italia, con síntomas de agarrotamiento. Rusia apareció con el aplomo de los equipos habituados a moverse en citas de trascendencia, con más centímetros y mejor palmarés, aunque eso, al lado del asunto de la altura, poco o nada iba a contar. Las españolas jugaron sus bazas y resucitaron la incertidumbre, buscaron el milagro (65-69 a 32 segundos) y lo rozaron. Nadie habría apostado por ellas en el descanso. Sólo ellas mismas. Como siempre han hecho. Por eso han ganado la plata. El quinteto inicial de las ex soviéticas es muy poderoso. Su juego interior le daba muchas opciones y, por esa vía, buscó el aro con éxito anotador y réditos para adelantar trabajo en la recuperación defensiva. Así contuvo las salidas en transición y al contragolpe donde España tenía que apostar la suerte de la corona continental y tomó el mando del tanteo. El cinco contra cinco favorecía a las rusas, que lo explotaron para distanciarse por diez puntos en el primer cuarto. La selección española tenía abierta una brecha importante en el rebote. Los brazos de las eslavas seguían capturando balones cerca del aro, parando la posibilidad de correr de las rojas, y abriendo hueco en el marcador sin apremio. Sólo dejando hacer a las pivots (15-29 m.13). España necesitaba encontrar recursos para rebasar a un rival superior. Pero ese rival le cerró las puertas. Sin cambio de ritmo nada tenía que hacer España. Con veinte de lastre, necesitaba correr. El primer contraataque español de la final cuajó al principio del tercer cuarto. En el origen, una defensa en zona para intentar zurcir los rotos causados por las interiores de Igor Grudin. Un 32-47 hizo saltar el primer tiempo muerto de las rusas para revisar planes. El coletazo del equipo rojo, sin embargo, persistió (38-49 m.27). Un triple de Amaya Valdemoro, un tercer cuarto genial de Laia Palau, una cesta de Ana Montañana y otra de la propia Palau, conectada en una dupla de enorme tacto para manejar el ritmo con Elisa Aguilar, rebajaron la diferencia de veinte a ocho puntos en el tercer cuarto (45-53 m.30). Rusia miraba el partido de otra forma. La España que ha sudado el camino hacia el último choque del campeonato, su carácter, las razones de su baloncesto, aparecían en escena después de medio partido cohibidas. Marta Zurro estrechó el margen (49-53 m.32). La defensa de las internacionales hispanas había resucitado la pelea por el cetro europeo. La selección nacional estaba más viva que nunca. Lo intentó e incluso rozó la proeza, pero Rusia no se dejó remontar.