Fútbol | Segunda División B
Victoria poco convincente de la Deportiva (2-1)
La Deportiva derrota al CD Logroñés con un fútbol que dista mucho de lo que se espera El capitán Bornes trata de huir de la telaraña riojana
La Deportiva gana pero no no convence. Su fútbol se hace arisco, deslabazado, intermitente, incómodo de ver para una grada que asiste cada domingo al estadio esperando otra cosa de un equipo que tiene mimbres como para brindar más espectáculo. O quizá no es así porque ayer Amaral comentó que su equipo no es ni el Milán ni el Bayern, algo que sin duda la afición ya conoce. Pero en cualquier caso, el de ayer era el día propicio para la «resurrección», con un rival que llegaba muy mermado por las ausencias y con tantas urgencias que podía servir de «víctima» propiciatoria para que los bercianos se dieran un festín con el que reconciliarse con una grada que anda con la mosca detrás de la oreja de un tiempo a esta parte. Nada de eso, los blanquiazules volvieron a ofrecer un juego ramplón con el que pudieron sacar adelante un partido que no quedó resuelto hasta que el árbitro decretó el final del mismo. Rubio tuvo que emplearse tres o cuatro veces para evitar una igualada que planeó sobre el municipal ponferradino. Ya los primeros compases eran preocupantes y Joaquín Bornes tuvo que cruzarse providencialmente para evitar males mayores en una acción de los rojiblancos. La zaga se movía en medio de una inseguridad que ya se está haciendo tristemente habitual en casa. Amaral insiste en jugar con tres en el fondo, aunque Elías oficia como si fuera central en muchas ocasiones. De ese modo, con Nacho, Bornes y Ortega, el técnico deja en el banquillo a un lateral derecho como Aitor y en la grada al central portugués Santamaría. No es cuestión de gustos o de preferencias, parece más un asunto de puro sentido común, pero es lo que hay. A esa desazón defensiva no ayuda una medular compuesta por Borreguero y Marco, con Sergio Mantecón más avanzado. Los riojanos salían airosos muchas veces en la zona central del campo y eso llevaba la incertidumbre a los dominios de un Rubio que hasta tuvo que abandonar su área un par de veces para abortar los ataques del rival. Eso se mitigaría si la Deportiva ofreciera muestras de poder en la faceta ofensiva, pero tampoco en ese aspecto convencían los de Amaral. Con la banda derecha infrautilizada, Rubén Vega se erigía como hilo conductor del ataque por la izquierda. Eso sí, el de Castrillo perdió tal cantidad de balones en el tramo inicial del choque, que la zaga logroñesista debió reforzar su autoestima viendo que el arsenal ofensivo de la Ponferradina no asustaba en absoluto. Ni siquiera teniendo en cuenta que bajo los palos había un chaval juvenil llamado Divasón, al que los bercianos apenas probaron en toda la tarde. Con ese panorama, sólo en una acción puntual y poco convencional se podía mover el marcador. Y así fue como el árbitro entiende como penalti un derribo de Galizano sobre Marco tras una pase de Rubén sobre el sevillano. La acción discurría casi el pico del área grande, así que bien puede decirse que la Deportiva sacó petróleo de una jugada sin peligro inminente. Rubén se encargó de transformar en gol la pena máxima. Homenaje a los penaltis Poco duró la alegría de los locales porque a la media hora el gallego García Bestilleiro decretó otra pena máxima, pero esta vez en el área de Rubio. Pareció una decisión rigurosa la que interpretó como agarrón de Marco (el mismo protagonista en los dos penaltis) sobre un rival que también puso bastante de su parte. Fue tan innecesario como el primer penalti, ya que el delantero riojano estaba de espaldas a la portería y casi en la frontal. El caso es que José Vegar igualó la contienda desde los once metros. En la segunda parte presionó más la Deportiva hasta que un error infantil del lateral zurdo Machote sirvió para que el balón quedara en poder de Mantecón que batió a Divasón a placer. Pero luego, en vez de hacer como mínimo otro gol que diera la tranquilidad, el equipo local acabó casi pidiendo la hora ante un rival claramente inferior.