CAMPEONA DE SANGRE LEONESA

La leonesa Ruano y Medina se quedan con la plata olímpica La familia de Virginia Ruano celebra la medalla en Matanza de los Oteros Ruano: «Prefiero esta plata que la de Atenas»

La tenista de origen leonés Virginia Ruano y la novia de Raúl Quijano, Anabel Medina, no tuvieron opción en la final ante las Williams

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Jon Agiriano - pekín e. m. | león efe | pekín

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No es que la final olímpica de dobles femeninos estuviese perdida de antemano. Las hermanas Williams forman una pareja temible, pero no invencible. Hay días en los que no juegan a su mejor nivel y dejan pequeños resquicios de debilidad que sus rivales pueden llegar a aprovechar si hilan muy fino. La clave del partido de ayer, pues, no estaba tanto en el rendimiento que pudieran ofrecer la leonesa Virginia Ruano y Anabel Medina, novia del leonés Raúl Quijano, en general previsible, sino en la versión de las Williams que iba a verse en la pista 1 del complejo de tenis del Parque Olímpico de Pekín. Conjuradas para conquistar la medalla de oro, Venus y Serena arrasaron en poco más de una hora de juego. Su superioridad fue apabullante. Satisfechas con su plata, Ruano y Medina comprendieron que el oro estaba imposible. Lo más probable es que comenzaran a pensar en la magnífica medalla de plata que habían conquistado y que, poco después, les colgarían del pecho, y en lo contentas y orgullosas que estaban por el torneo que habían realizado, sólo superadas por las mejores del mundo. Lo bueno de partir como previsible perdedor es que la plata no sabe tan amarga. La derrota de Vivi Ruano y Anabel Medina ante las hermanas Williams era algo que entraba en los planes de todos, incluso de la familia de Ruano, residente en la localidad leonesa de Matanza de los Oteros. «Era de esperar -señala su prima Marta-. Ya sabíamos que era muy difícil ganar a Venus y a Serena, pero estamos muy contentos con la medalla de plata», apunta. La familia de Virginia había tenido que conformarse hasta ahora con seguir los partidos en diferido debido a la densidad de pruebas de la agenda olímpica, pero esta vez era la final y las cámaras daban «bola» a las tenistas españolas. Sin inconveniente para madrugar ligeramente, antes de las diez de la mañana ya estaban pegados al televisor su abuelo Crescencio, de 98 años, su tía, su prima, su sobrino y algún que otro vecino. Desde el principio del partido se vio que la machada no iba a ser posible, pero nada iba a aplacar la felicidad de una plata más que merecida, que compensa los difíciles meses que la familia ha pasado tras el fallecimiento, hace cinco meses, del padre de Virginia. Desde matanza de los Oteros le llegó a Vivi un mensaje de felicitación por su gran logro. no pudieron hablar con ella porque en un día así el móvil «echa humo», pero esperan hacerlo en persona en octubre si Vivi acude a las fiestas del pueblo. Virginia Ruano y Anabel Medina, medalla de plata en dobles, no cabían en sí de satisfacción y afirmaron que la presea sabe a «gloria». «Esta es la segunda medalla que gano y me ha sabido mejor que la primera, en Atenas'04, porque allí partíamos (con Conchita Martínez) como favoritas. Ésta la he disfrutado desde el primer minuto. Me quedo con esta. Era mi sueño, subir al podio y no lo cambio por ningún Grand Slam. Mi cara de felicidad lo dice todo», comentó Virginia Ruano. «Para mí es mi primera medalla, así que yo soy la que está más contenta», dijo Anabel Medina entre risas. «Cuando salí de la pista estaba un poco triste. Ayer (por el sábado) salimos como ganadoras de medalla y hoy (domingo) como que no habíamos ganado el oro», siguió. Virginia dedicó la medalla a su padre, «que ha fallecido recientemente y que hubiera estado aquí como estuvo en Atenas» y Anabel a «toda la gente que me ha apoyado en los malos momentos». La pareja española se mostró encantada con el ambiente en las gradas y con el apoyo que han tenido.

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