Juegos Olímpicos | Pekín 2008 RETROSPECTIVAS OLÍMPICAS (5) | JULIO BRAVO DUCAL, leonés y autor de «La Historia de los Juegos Olímpicos. Atenas 1896-Atenas 2004»
Las mujeres en los Juegos... aplaudiendo Bolt se reta con la historia y Michael Johnson
1 Unos Juegos, tres ídolos: Phelps, Bolt y Nadal Los Juegos Olímpicos de Pekín pasarán a la historia con tres nombres propios: Phelps, Bolt y Nadal. Phelps se ha convertido en Pekín en el hombre de oro de la historia de los Juegos Olímpicos, testigos de la consagración del español Rafael Nadal como el mejor tenista del orbe y de Bolt, que dejó atónito al mundo con sus 9.69, estratosférico nuevo récord mundial. 2 Una piscina de récord La natación se despidió de Pekín con el asombroso saldo de 25 nuevos récords del mundo, siete de ellos para el estadounidense Phelps. En Atenas hace cuatro años sólo se batieron ocho. La explicación hay que buscarla, según los técnicos, en los nuevos bañadores y en una piscina excepcionalmente rápida. EN LAS GRADAS . Uno de los postulados de los Juegos (recuérdese, junio de 1894, La Sorbona), acordaba que estarían reservados al «adulto individual varón», por decisión expresa de Fierre de Coubertin, lo que excluía, por partida triple, la intervención de mujeres y de adolescentes y de los deportes de asociación. Mucho se ha escrito sobre la indisimulada misoginia del instaurador, enemigo declarado -eso sí- de la participación femenina en las Olimpiadas. Afortunadamente, esta prohibición empezó a desbloquearse con la inclusión del tenis femenino en Londres y la natación en Estocolmo, lo que se interpretó como una pérdida de liderazgo del barón, acostumbrado a salirse siempre con la suya. Coubertin aparentó no darle mucha importancia y aprovechó la oportunidad de audiencia que le proporcionaba la reunión del COI celebrada en la capital sueca la víspera de la inauguración, para manifestar solemnemente que una olimpiada femenina no resultaría ni práctica ni interesante, ni estética ni correcta, volviendo a exponer, con bellas palabras, como acostumbraba, su ideario: «La exaltación solemne del deporte masculino tiene la fuerza por base, la lealtad por medio, el arte por marco y el aplauso femenino por recompensa». Las federaciones internacionales, de otros deportes -esgrima, gimnasia, patinaje artístico, piragüismo, canotaje- venían presionando al Comité Olímpico para que se incluyeran en el programa de los Juegos, pero el pertinaz y camaleónico presidente se las arregló, con el paréntesis de la I Guerra Mundial, para que en Amberes 1920 y París 1924 no se incrementase el número de deportes, hasta que, llegado Ámsterdam, la Federación internacional de Atletismo (IAAF) consiguió debutar con cinco pruebas: 100 y 800 ms, salto de altura, lanzamiento de disco y relevo de 4 x 100 m. Un buen programa para un buen comienzo (aunque con la prueba de medio fondo viniera luego el «escándalo», suprimiéndose allí mismo¿ hasta Roma I960. El barón de Fredy, disgustado por la inclusión, no acudió a la capital holandesa, invitado como presidente de honor de los Juegos, alegando motivos de salud. Cuando aún no se han acallado los ecos de la excelente carrera de Usain Bolt en la final de los 100 metros del sábado, el jamaicano afronta hoy las dos primeras eliminatorias de los 200, final que se disputará el miércoles (16.20 horas). El objetivo simple es hacer doblete, que sería el décimo en la historia de los Juegos Olímpicos (el último, el de Carl Lewis en Los Angeles 84), lo que parece relativamente sencillo si tenemos en consideración que el jamaicano tiene las tres mejores marcas de la temporada (19.67, 19.76 y 19.83). Pero tras la extraordinaria exhibición de facultades realizada por Bolt en la final corta, ya todos apuntan al mítico récord de Michael Johnson en los 200 metros, establecido en 20.32, conseguido en la final olímpica de Atlanta 96. Además de la percepción sensitiva, los datos fríos de las estadísticas apoyan esta teoría. El Michael Johnson que corrió los 200 metros en esos 20.32 tenía una mejor marca personal en los 100 de 10.09. Y el italiano Pietro Menea, quien tuvo en su poder el récord del mundo durante 17 años (1979-1996) con un crono de 19.72 hasta que MJ se lo quitó, corría los 100 metros en 10.11. Los 200 metros es la prueba natural de Usain Bolt y si se metió en la aventura de los 100 metros fue porque su entrenador, Glen Mills, se lo aconsejó «para ganar chispa» en la carrera de la media vuelta a la pista. De hecho, Bolt sólo había disputado doce carreras de 100 metros antes de competir en los Juegos. Pero la calidad de las marcas que consiguió -9.72 (entonces récord del mundo) y 9.76- le obligaron a continuar.