Diario de León

| Reportaje | Reina del monte |

La perdiz roja o el arte de sobrevivir

Pese a su increíble capacidad de adaptación y de reproducción, la patirroja, endémica d e la Península Ibérica y especie cinegética por excelencia, atraviesa momentos delicados

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Pedro Vizcay - león
León

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Según las informaciones recogidas durante las últimas semanas en los principales cotos perdiceros de la provincia, todo apunta a que la temporada que comenzará el día 26 de octubre será sensiblemente inferior a la del pasado año. Los aficionados a la caza menor reconocen a la perdiz roja como la especie cinegética por excelencia. Pese a su increíble capacidad de adaptación y de reproducción nuestra patirroja atraviesa momentos difíciles. La preocupación por este ave, del orden de las gallináceas y familia de las fasiánidas, ha llevado a la Federación de Caza a realizar estudios y seguimientos que determinen las razones que han provocado la caída en picado de sus poblaciones en la estepa castellana. La temporada pasada sorprendió por la cantidad de perdiz y abrió la esperanza de una recuperación. La campaña que se abrirá la próxima semana se presenta, a priori, bastante peor. Parece que si bien se conservan los mismos bandos, éstos cuentan con menos efectivos. Podría afirmarse que la perdiz roja es un ave endémica y genuina de la Península Ibérica, si bien existen pequeñas poblaciones en el Sur de Francia y Norte de Italia. En España, y salvo una pequeña franja de la cornisa Cantábrica, habita todo el territorio hasta una altitud de 2.500 metros. Su capacidad de adaptación es tal que incluso podemos encontrarla en las sierras mas elevadas de la montaña leonesa, puerto de san Isidro por ejemplo, conviviendo con las pardillas. En estas zonas de montaña se la conoce como «rubia», pero básicamente es la misma que habita las campiñas del sur provincial. De cualquier forma la perdiz prefiere los espacios abiertos, zonas pedregosas con monte bajo y tierras de labranza. Si persisten los cultivos de cereales, vid y leguminosas encontraremos bandos más densos y nutridos. El abandono de los cultivos en la montaña, que ha beneficiad al jabalí, ha supuesto un duro golpe para la perdiz hasta el punto de llegar a desaparecer de algunas zonas. Este es el motivo de que, en algunos acotados, se realicen siembras selectivas en medio del monte con la única finalidad de proporcionarle alimento y mejorar su hábitat. Costumbres y repr oducción Habitualmente, con pequeñas variaciones en función de la climatología, los machos entran en celo durante el mes de enero. La existencia de mayor número de machos que de hembras resulta bastante perjudicial, pues los individuos rechazados y sin pareja se dedican a incordiar a la hembra llegando incluso a destruir los nidos. Es precisamente el macho quién prepara varios nidos aprovechando pequeñas hondonadas con algo de vegetación que los proteja y esconda. La moderna agricultura que destruye linderos y arrasa los adiles perjudica seriamente la nidificación. La hembra pone entre 9 y dieciocho huevos, con un intervalo de 36 horas. Curiosamente a veces realiza la puesta en dos nidos diferentes, en cuyo caso la incubación del segundo nido la realizará el macho. A los 23 días y medio nacerán los pequeños perdigones que abandonarán el nido de forma inmediata, pero que permanecerán unidos hasta que, con el paso del tiempo, se conviertan en adultos. Su desarrollo en estos primeros días es espectacular: en dos semanas son capaces de realizar pequeños vuelos y al mes ya vuelan perfectamente. A partir del tercer mes los machos comienzan a desarrollar los espolones que los diferencian de la hembra. La alimentación en un primer momento consiste en invertebrados (66%) semillas y f lores (33%). A las dos semanas el porcentaje se invierte. A finales del mes de julio, realizada la cosecha de cereales de verano, es frecuente ver los bandos de perdiz apeonando por los rastrojos o barbechos. Grupos de 16 a 25 individuos acreditan una buena salud, menores significan un año malo. Los despla zamientos para alimentarse los realizan sin volar, y si es posible a corta distancia. Son muy territoriales y duermen en lugares abiertos, donde la huída resulte mas fácil. Para beber aprovechan las pequeñas charcas, pero también beben las gotas del rocío de la mañana. A medio día sestean y toman baños de arena que les sirven para mantener y mejorar su plumaje. Habitualmente mientras el bando bebe o se alimenta un individuo, por lo general el padre o la madre, vigila. Esta vigilancia resulta vital, pues durante las primeras semanas son presa fácil de lirones, ratones, culebras y, últimamente, cigüeñas. Ya de adultos rapaces, zorros y jabalíes, son sus peores enemigos. A finales de temporada la pérdida del 60-65 % de efectivos es habitual y permite una perfecta reproducción. Las pérdidas, en años normales serían: 40% la caza (incluida la furtiva) 10% la climatología, 10% los depredadores 5% herbicidas y pesticidas. Desgraciadamente estos porcentajes varían de unos años a otros. Si la climatología resulta muy seca las polladas se ven perjudicadas, los granos de siembra no germinan y los que quedan por encima del terreno son consumidos durante mayor espacio de tiempo. Dado que están tratados con productos químicos producen alteraciones digestivas que debilitan a los perdigones hasta e l punto de matarlos.

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