| Lucha leonesa | Homenaje a Roberto A. Moro

Morín, adiós inolvidable

El Club San Guillermo consiguió reunir en el corro la lucha y la emoción merecida

Pasillo de honor al gran Morín en la entrada al corro

Publicado por
A. Barreñada
León

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cistierna

Sonó el himno de la lucha en el Vadinia, y tras él se formaba el pasillo de honor, co los integrantes del equipo San Guillermo de Cistierna, los invitados de otros equipos que integran la mejor lucha de la ctualidad y los históricos que quisieron sumarse a la ocasión grande. Por ese tunel que se abría a la luz del corro entre los aplausos de la llena grada, caminó, sereno como siempre, aun con la emoción de su día, Roberto Andrés Moro.

Arbitraba Charo y Javi Reyero no le daba descanso al micro. Agustín y Samuel, dos de la Base del San Guillermo, iniciaron los agarres con una exhibición de mañas, que siguieron otros jóvenes compañeros de filas: dedillas, garabitos, medianas, tranques, cadriladas, saques a vueltas... Las eternas líneas del aluche por las que siguen escribiendo recto los agarrados al cinto.

Siguió el enfrentamiento entre dos selcciones del San Guillermo, con doce luchadores cada una, al modo tradicional de eliminación, manteniéndose en el corro el vencedor. El primer combate lo ganó Pedro Alvarado para el equipo verde. Moisés Vega y Luis Fernando Campos realizaban uno de los combates de más calidad. Igualados, un garabito le dio la victoria a Moisés. Y más garabitos del excelente Moisés ante Rafa Rodríguez y Moisés seguía en el centro. Cayó ante Alberto Novoa, y éste ante el campeón de verano, -˜El Míster-™. Resistió rivales Santi hasta el último de los contarios, J. J. Novoa. Y el ligero quedó en pie ante el pesado.

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Tasio y Chispi, Héctor García y Félix Valladares, Pedro Moro y El Polvorilla, el Chopo y Che, Dani González y Sansón Cabero, Morín y el Che, El Oso y Juanjo Burón, el Che y el Chopo, el Chopo y Morín... No importó quien se impuso: lucharon todos como mejores, con y por Morín. Sólo un pequeño dolor en el pecho grande de Roberto: entre tantos amigos, no veía los suyos de Riaño. No pudo eso con la alegría, con el sentimiento, que cerraba el acto, recibiendo trofeos y recuerdos; uno muy especial: el recuento de Ful para David de veinte años entregados por su padre.