Últimas señas de culturalismo
La hinchada leonesa pretende recuperar, coincidiendo con el partido de mañana ante el Lemona, aquellos días en los que el equipo de fútbol despertaba a primera hora de la mañana a León para viajar en su ayuda
Las últimas señas del culturalismo contemporáneo datan de la temporada 1997/98, con Juan Díez Guisasola en la presidencia del club leonés. El viaje organizado por su Junta Directiva consiguió llenar diez autocares de aficionados que apoyaron al equipo para disputar la que sería su segunda liguilla a Segunda División.
Una vez conquistada la fase de ascenso, el culturalismo rebrotó en su mejor versión 15 días después, un 31 de mayo de 1998, con motivo de la visita al estadio Santiago Bernabéu, en la segunda jornada de la liguilla de ascenso a Segunda División. Más 4.000 leoneses y 23 autocares desembarcaron en el templo blanco para engrandecer la historia del culturalismo moderno.
Desde entonces, la organización de viajes posteriores arrastró a un buen número de culturalistas, en los primeros años en los que la plataforma Profutle tomó el mando de la Cultural, aunque sin llegar a las cifras citadas. Después, la desilusión por los continuados fracasos deportivos, unido al despilfarro económico del que ahora se resiente la sociedad, acabó por anular a un culturalismo que se ha encargado de recuperar el excelente rendimiento de una plantilla trabajadora, unida y malpagada que dirige un hombre de fútbol plenamente identificado con sus jugadores, Álvaro Cervera, sabedor de que los únicos capaces de recuperar la grandeza de la Cultural son los deportistas. Y por ello, se rebela ante cualquier causa.
Los excelentes resultados de una temporada inesperada (más que nada porque las anteriores fueron pésimas) tratan de recuperar a un culturalismo que intenta rearmarse. La peña Orgullo Cazurro hace lo imposible por relanzar a la afición para que arrope al equipo, al igual que Magín con su Forza Cultu, o Iván Casares, el de León Rampante. También los de Toribio Morán y Legendario Genarín ponen de su parte. Vuelve el culturalismo. El equipo de Cervera se merece apoyo incondicional.