LUCHA LEONESA... Y ALGO MÁS | MARRO

¡Hay que mojarse-¦! (I)

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León

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LUCHA LEONESA, sí y algo más. Sentimiento leonés. Aluche (cántabro, castellanoleonés-¦) y nada más. En todo caso, recurso como adorno literario y sin más.

-¦Y algo más? Pues sí, defensa a ultranza, con descaro -mojándose-, de una evolución renovadora para nuestra lucha. Obviamente respetando las raíces. Sin limitarse a verlo desde la barrera, desde los cenáculos más o menos conspiradores. En ese sentido el Club de Lucha Villabalter es todo un referente. Yendo de frente, dando la cara -con descaro si preciso fuera- , poniendo el dedo en la llaga casi siempre. Poniendo la cara, reiteramos, aúna riesgo de que se la partan.

Hay que «mojarse electoralmente». Por cierto las elecciones ¿para cuándo? Patética imagen de una descabezada lucha leonesa; patetismo que se trata de difuminar con el folclore céltico o una light liga por equipos (incompletos) y mal llamada Liga de Invierno. Y sin mojarse analizando connotaciones y circunstancias de esta parálisis electoral. Y menos aún evaluación de consecuencias en cuanto a patologías sobrevivientes, diagnóstico, terapia y ya no digamos catarsis. Catarsis generalizada que, en definitiva, sería lo que se habría de imponer como medida de choque.

Desde aquí mojándonos al apostar por la renovación. Asumiendo raíces y esencias, pero lejos de la lírica exaltación del guapo luche, o la luche guapa o el aluche (cántabro?) a secas. Pero el remojo -“doble mojadura- está abierto a todo y todos.

Hay que mojarse, dirigido sobremanera a paniaguados y pesebreros federativos o -ya se sabe- seudofederativos. Y el que se pique allá él. Otro ejemplo. Los chistosos y emparejados árbitros actuales no solo no se plantan -y se mojan- sino que se someten. Como para plantarse y mojarse un árbitro de sonoro apellido de exluchador, que consultó al presidente federativo en funciones la invitación que tenía para intervenir en el Desafio Espacio León en el apartado de viejas glorias; y que se achantó -en plata acojonó- ante la negativa de un presidente en precario y en horas bajísimas. Qué se puede esperar para mojarse -y para arbitrar-, de semajante «independencia arbitral».

Independencia de monitores para mojarse? Mucho nos tememos que como en el apartado anterior y es que sólo capacidad y personalidad genera independencia de criterio y de actuación ¿Capacitación de monitores, en general, a nivel de capacitación arbitral?

Hay que empezar a mojarse desde todos los frentes. Los clubes, o el colectivo de clubes por mejor decir: inequívoco estamento para alejarse y superar los regresivos y atávicos lastres y la inacción de los últimos equipos (?) federativos ¿De qué sirve ser patrocinados por una entidad supraprovincial, figurar bajo los auspicios de un patrocinador sonoro-¦? ¿Limitarse a montar el corro del pueblo con pendones de fondo y aprovechar para homenajear a veteranos? El patrocinio integral para el colectivo de clubes implicaría otras exigencias. Integralidad patrocinadora -“cuasimecenazgo- despliegue operativo yorganizativo etc. Por ahí habrían de ir los tiros.

Hay que mojarse en cuestiones de fondo (prevención, atención y cobertura integral de lesiones) y de forma: falta de medidas ante la antilucha de los espantaficionadossuperpesadísimospesadosultradefensivos y a cuyo más ilustre representante de los últimos años hasta se le homenajea. Combates en general más tediosos y espesos que unos versos de Gamoneda para un lector de a pie y por más que tal aseveración resulte políticamente incorrecta (como la mayor parte de nuestros análisis a contracorriente) y hasta casi irreverente.

Hay que mojarse y presionar para plantear, y debatir al menos, cuestiones de alcance; de más o menos alcance, pero siempre necesario y casi imprescindible. Lo de la incorporación de la categoría semiligeros se comenta sólo. Los luchadores en torno a los 60 kilos dejarían de ser las grandes víctimas de Ligeros para convertirse en la c ategoría de la espectacularidad, la filigrana, la fa ntasía, el virtuosismo-¦ Lucha de seda; la antítesis, vaya, de los superpesadísimos pesados: en general, reiteramos. Al tiempo que, con el consiguiente corrimiento del resto de los pesos, se racionalizarían mucho más los límites de éstos. Los cinco pesos sería el mínimo-minimorum y aún por debajo de cualquier otra modalidad de lucha. El reglamento espera, como en lo anterior y en lo siguiente y y y-¦

Elegimos para cerrar un último reto reglamentario de entre los muchos pendientes. Empate con caídas: no a que decida la primera, que lo que propicia es la lucha defensiva, mientras que queda más abierto si la que decide es la última. Empate sin caídas: como es sabido fallo a los puntos vía acometividad, iniciativa-¦, pero si esto resulta igualado (bastante habitual en Pesados con la manifiesta pasividad de ambos), clasificar al de menos peso. En demérito del de más peso que no sacó partido de su superioridad en la báscula. En halterofilia en caso de empate pasa el haltera de menos peso.

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Y a propósito de pasividad, siempre a señalar a los dos contendientes y nunca a uno sólo. Elemental, si hubo pasividad de uno solamente es que el otro atacó, luego no hubo combate pasivo.