Frío, «vuvuzelas» y paranoia por
«Si acude a ese lugar tiene un 90% de posibilidades de ser atacado». El comentario, exagerado, lo hizo una empleada de un hotel en Bloemfontein, antes de la semifinal de la Copa Confederaciones entre España y Estados Unidos. Los pocos seguidores europeos y sudamericanos que acudieron al torneo se vieron bombardeados por frases de este tipo durante las dos semanas de competición. El lugar tan «peligroso», Naval Hill, una colina en Bloemfontein, resultó ser un lugar tranquilo, con blancos y negros haciendo jogging.
«No abran las ventanas cuando se paren en los robots (semáforos) por la noche si alguien les pregunta». «Si creen haber atropellado a alguien no se detengan; puede ser una trampa para que detengan el vehículo; sigan e informen del presunto accidente en la comisaría de policía más cercana». Las consignas continuas sobre la seguridad hacen que el turista viva en una auténtica paranoia.
Esa paranoia en torno a la seguridad será una de los aditivos que acompañarán al aficionado europeo o americano que acuda al Mundial 2010.
Hemisferio sur. Otra de las novedades que se encontrarán será el frío. Igual que en Argentina-78, el Mundial volverá al Hemisferio Sur, por lo que el torneo se disputará en pleno invierno austral. Después de unos días de temperaturas que entraban dentro de lo soportable, las semifinales España-Estados Unidos, en Bloemfontein, y Brasil-Sudáfrica, en Johannesburgo, se jugaron con temperaturas que rondaban los cero grados.
Los aficionados que acudan a Sudáfrica en 2010 deberán viajar provistos de ropa de abrigo, bufandas y gorros. El frío y la inseguridad no impedirán que el Mundial pueda ser un éxito a nivel organizativo, ya que la Copa Confederaciones, aunque ha demostrado carencias, funcionó relativamente bien.
En Johannesburgo, una ciudad más multicultural que el interior, se vieron muchos aficionados blancos en las gradas mientras que en Bloemfontein, Pretoria y Rustemburgo, el público era negro. El fútbol es seguido básicamente por los negros y el rugby por los blancos.
Los aficionados harán sonar sin freno sus vuvuzelas, esas trompetas de plástico tan ruidosas que no ha sido bien asumidas por los europeos. Pero forman parte de la cultura futbolística sudafricana y no se pueden suprimir.