Diario de León

El Atlético entra en crisis (0-0)

Los rojiblancos se ven incapaces de superar al débil campeón de Chipre en el Calderón

El Atlético Paulo Assunç£o da Silva controla el balón.

El Atlético Paulo Assunç£o da Silva controla el balón.

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ignacio tylko | madrid
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Saltan las alarmas en el Atlético, incapaz de ganar en Liga y de superar al campeón de Chipre en un partido que se esperaba balsámico y derivó en más protestas contra Gil, Cerezo y los jugadores. Síntomas de crisis. Si algún despistado aterriza en el Calderón, jamás podría pensar que semejante esperpento era la Champions. Ni siquiera la Intertoto. Ni el trofeo La Casera, vaya. Ni a propósito se puede jugar tan mal como lo hizo el Atlético, sobre todo en la primera mitad, ante el abnegado Apoel chipriota. El único salvable fue Jurado, igual que el pasado domingo ante el Racing. El gaditano comenzó en la banda derecha, lejos de su zona natural, pero fabricó algo de fútbol cuando se vino al centro.

Es cierto que la calidad de esta plantilla no es superlativa pero todos actúan muy por debajo de su nivel. Les quema el balón, les asusta el ambiente y les tiemblan las piernas. Ni corren. Hasta Agüero y Forlán parecen ausentes. Lógico que se harten si no reciben un pase en condiciones y una y otra vez deben buscarse las habichuelas. Simao no es ni su sombra y Cléber sufre una maldición en el Calderón. Es una caricatura del buen centrocampista del Santos o del Mallorca, donde hasta marcó goles antológicos.

La defensa, con tres novedades respecto al choque ante el Racing, es el paradigma del desajuste. Perea y Pablo están de los nervios, Ujfalusi quiere pero no puede y Domínguez no es lateral izquierdo. Menos mal que el Apoel es un don nadie. Si fuera un rival apañado, con pegada, hubiera resuelto antes del descanso.

Charalambides falló dos oportunidades pintiparadas. Una por cada lado. Fotocopias. Balones pasados, defensa dormida y sendos remates a placer. El primero lo salvó Asenjo y el segundo lo tiró fuera con toda la portería por delante. También tuvo dos el Atlético, pero Chiotis, el más castizo del Calderón, adivinó la intención al Kun y a Jurado. La bronca de la grada al descanso estaba más que justificada.

El Atlético mejoró cuando entró Maxi y se fue Cléber, hundido. Jurado se trasladó definitavamente al medio y el equipo formó un rombo. Bendito dibujo. Se sucedieron varias ocasiones, disparos de Jurado, Forlán y Simao. Pero el gol no llegó y otra nueva decepción colchonera.

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