PERFIL

El «playboy» italiano tendrá que buscar otro sueño

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Luis F. Gago | madrid
León

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Desde pequeño siempre le gustaron a Flavio Briatore los coches de las grandes marcas y los yates de los ricos. La palabra «humildad» nunca entró en su vocabulario. Las de «riqueza» y «grandeza» eran las preferidas por un niño nacido en la parte pudiente de Italia. Como buen hombre del mar Mediterráneo, ese interés por la Fórmula 1 lograba adaptarlo a la otra pasión del país: el fútbol.

En plena recuperación económica, por la mitad de la década de los 60, Briatore ya disponía de un balón más esférico que el de sus amigos. Mientras sus compañeros jugaban con trapos usados dentro de cáscaras de plástico, él prefería algo con más calidad.

Era esta mentalidad lo que siempre tuvo en su punto de mira. Las visiones durante su niñez de ser el mejor y poder aspirar a lo máximo continuaron con el paso de los años. En cualquiera terreno, lo deportivo, lo empresarial o lo que sea, Briatore quería ser un «tiburón» de tierra. Marinero de agua dulce, otra de sus aspiraciones era tripular grandes embarcaciones por los sietes mares, eso sí, siempre rodeado de jóvenes bellezas. Como un «playboy» de los de antes, también tiene su lado romántico. En 2008 se casó con la estrella televisiva italiana Elisabetta Gregoraci. A lo mejor, su salida de la Fórmula 1 sólo cierre una puerta que abra la conquista de un nuevo sueño. ¿Cuál es? «Pocos lo saben, pero lo logrará. De eso que no quepa duda», dicen sus amigos. El tiempo dirá.

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