Simón se apunta el Mundial con las artes de Ángel Nieto

Arriba Barberá; abajo Simón rocía de cava a su compañero.
A la antigua usanza. Como Nieto hacía con De Vries y con Lazzarini. Como Rossi derrotaba a Biaggi. Simón despidió su temporada triunfal con una victoria de campeón. Jugó con Smith, su compañero de fuga desde la salida. Nervios de acero, el español permitió que el británico le adelantara dos veces en la vuelta decisiva para eludir los rebufos. Confiado plenamente en su poderío, el manchego dio la estocada final al inglés con dos interiores, al borde de la arena, que levantaron al público de los asientos. Hay que poseer una seguridad mental sin fisuras para apostar el éxito con esa estrategia. Muy pocos saben ejecutarla. Ángel, Valentino, Doohan y alguno más.
Era el sexto himno que Julián escuchaba en su honor. El séptimo de su carrera. El adiós festivo al octavo de litro, camino de consolidar su progresión en la nueva cilindrada de Moto2, con otra Aprilia ganadora. Como él. Aspar es feliz con este piloto, obsesionado con hacerlo todo bien, disciplinado para buscar siempre el primer puesto, inconformista con un mero podio.
Pol Espargaró duplicó la bandera española en el palco. Durante todo el gran premio rodó en solitario tras los dos jinetes de Jorge.
Por otra parte, el de ayer fue el quinto triplete logrado por el motociclismo español. Jorge Martínez Aspar abrió la veda en 1988, al ganar en un mismo día las carreras de 80 y de 125, doblete que Sito Pons convirtió en triplete al vencer en 250. Al año siguiente, Manuel Herreros (80), Crivillé (125) y Pons (250) plasmaron otros tres triunfos españoles en una jornada. En aquellos tiempos había cuatro categorías. En 500 no teníamos ganadores.